Llámalos recoleEl día que nadie Retiro la basura (9)ctores, basureros o como decidas.  La mayoría son invisibles o no existen.  Pero cada día, puntual aparecen, y retiran lo más asqueroso de cada hogar.  En los últimos días de golpe el país entero reconoció su importancia y una pequeña grieta se rasgó como una bolsa plástica, dejando al descubierto la dura vida de los hombres que limpian los desperdicios de la ciudad.  Son historias que en Magallanes tienen un color más áspero, por la escarcha, el frío, la nieve, los bajos sueldos, y la poca deferencia de la “ciudadanía” a la hora preparar tachos y colgar cestos, dificultando así el trabajo de Rodrigo, Héctor, Luis, Daniel y tantos otros.  Este episodio lo vivimos durante ocho horas, cargando tarros, colgados del camión, sintiendo el desprecio de algunos y el reconocimiento de otros.  Lo invitamos a ser testigo de la noche en que sacamos la basura de su casa.

 

La escarcha a todos los bota

El día está impecable.  Lo más complicado es trabajar con escarcha.  No hay nadie que no pueda decir que no se ha caído.  La lluvia también aburre, el agua llega hasta las entrañas, confirman todos.

Pasando por calle Mejicana veo un rostro conocido.  Lo miro fijo.  Baja la cabeza.  Intento saludarlo. Mira hacia otro lado. Me esquiva.  Voy colgando del camión. En Sarmiento, una amiga que pasa tampoco me reconoce.  La piropeo.  Mira de reojo.  A otros les da un poco de vergüenza mirar a la cara cuando entregan la bolsa de basura.

“La gente no siempre valora lo que hacemos, creo que quizás no saben todo lo que significa.  Claro que hay personas buenas que nos regalan ropa y cosas, sobretodo en Navidad, Fiestas Patrias”, cuenta Luis, de 28 años.  Su pareja espera su primer hijo y lo único que desea es tener estabilidad y un buen sueldo para poder cumplirle.

Una vez en el centro, Luis llega con churros.  Nos ofrece a todos.  Doy las gracias pero paso, todavía los olores giran como lavadora por mi estómago.  La señora del puesto que está en Bories, casi llegando a Avenida Colón se los dio.

Las horas volaron y pasado la una de la mañana, enfilamos hacia el vertedero.  Desde el centro son 16 kilómetros al sur y de ahí hacia el cerro siete kilómetros y medio, aproximadamente.  El camino es sinuoso, a ratos un temblor nos sacude (vamos en la cabina).

“Como usted ve, vamos a ciegas…  Prenden sólo a veces las luces…  En ocasiones uno se queda empantanado, los camiones sufren mucho y  los arreglan tarde mal y nunca… En la noche somos dos camiones. El otro día uno quedó enterrado, nosotros habíamos terminado, no sabíamos, si no lo hubiéramos ido a rescatar, porque acá hay mucho compañerismo… Al final, uno bota a ciegas la basura, nos pasan una linterna y con eso nos arreglamos”, va contando Choque, sin pelos en la lengua.

La ciudad de Punta Arenas no tiene tratamiento para los desperdicios, todo va al mismo lugar.  Es como quien barre la basura de la casa, y cuando nadie lo ve, la esconde debajo de la cama, creyendo que así resuelve el problema.

A varios días de acompañar a los trabajadores de un turno, durante ocho horas, por las frías calles de Punta Arenas, todavía late el olor punzante y afloran las imágenes de charcos nauseabundos chorreando generosos por las bolsas de plásticos.  Aún persiste el olor pegado a la ropa, el barro en los zapatos.  Son huellas digitales imborrables después de cada jornada.  Rodrigo, Héctor, Luis, y Daniel son los protagonistas, junto a más de setenta personas que dignifican la ciudad de Punta Arenas, sacando la basura de la puerta de su casa.

(Nota publicada en la prensa local por el periodista Cristián Morales, el día que nadie retiró la basura)

El día que nadie retiró la basura (11)

El día que nadie retiró la basura (2)

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