El masajista que ve con el tacto

El masajista que ve con el tacto

Manos que sanan el estrés 

La selva urbana no respeta. Nadie está libre. Metas, tensiones, angustias, consumo desenfrenado y miedo describen en pa???????????????????????????????rte el mundo cotidiano de miles de personas.  La tragedia explota a diario en las calles de Punta Arenas.  Pero las insistentes bocinas que buscan ganarle al tiempo o la gente apurada son sólo el reflejo, apenas la punta del iceberg, de estos tiempos violentos, porque en lo más profundo, el estrés queda acumulado, como pesada mochila que demuele cuellos, sueсos y expectativas…  Así lo sabe Niko Vilovic Soto, quien lleva más de 16 años, salvando y desenredando la tirantez, con presiones precisas en las descuidadas espaldas de los magallánicos.

 

Desliza las manos suaves por los  omóplatos de su paciente. A ratos genera una presión más profunda, luego suelta y un breve suspiro detiene la tensión…  Vuelve a comenzar y las yemas de los dedos avanzan por la cervical, occipital… El camino lo conoce de memoria NikoVilovic Soto.

“Toco una espalda y sé casi de inmediato lo que pasa”, asegura.

Y es cierto, en casi dieciséis años de ejercicio profesional, cientos de personas han experimentado el talento de Niko para derrotar la tensión y sacar de sus escondites el estrés que se acumula como una pesada mochila en los recovecos de la espalda: “Los nudos son toxinas y contracciones que provocan dolor.  Y ahí es necesario hacer presión regulada para llegar a los tejidos contracturados”, va detallando.

Niko no necesita ver para saber. A los 18 años comenzó a perder la vista. Una distropía de conos, lo llevó al territorio de la oscuridad.  A medida que perdía la visión, otras sensibilidades comenzaron a aumentar.

A sus cuarenta años está en un mundo de sombras. Pero sus manos desarrollaron una competencia especial para detectar los popularmente llamados “nudos”, asentados sin invitación en el dorso.  Ahí están sus ojos sanadores.

“De muy joven me decidí estudiar en la escuela Internacional Fontboté.  Ahí aprendí las técnicas de relajación, masajes de estética, descontracturantes y estrés.  También metodologías y contenidos para hacer relatorías”, asegura.

Hace dos años, Niko Vilovic capacitó a 15 personas no videntes de Agasi.  Algunos ya se han integrado al mundo laboral, enfocados principalmente en la relajación y técnicas de masaje descontracturante.  Fueron cerca deIMG_1983  cien horas.

En países como China hay centros especiales, atendidos por ciegos.  Ahí se valoran sus capacidades y sensibilidades para “ver” lo que los ojos no alcanzan a discernir.

“Es importante capacitarse, prepararse, hoy en el mercado hay muchas promesas que pueden ser peligrosas.  Así he conocido casos de masajes estéticos en que los pacientes terminan con hematomas.  Muchos no saben tomar los músculos, los pellizcan”, advierte Vilovic.

Y continúa: “Yo sé hasta dónde llegan mis límites.  Cuando hay lesiones, inmediatamente remito a doctores y ellos derivarán a kinesiólogos si corresponde.  La idea es darle un bienestar a las personas, no un problema”.

Entre sus clientes destacan karatekas, basquetbolistas… Todos claman por masajes deportivos y espacios de relajación.

“Vivimos tiempos donde todo es rápido, el tráfico, todos andan acelerados…  Hay un verdadero mundo de tensiones que se teje invisible en las espaldas.  El magallánico tiene altos niveles de estrés en la espalda…”, explica.

En esos casos ayudan los masajes de relajación, antiestrés y descontracturante, explica.  Incluso algunas empresas innovadoras regalan a sus trabajadores masajes de relajación.  Entonces, Niko llega con una camilla portátil y realiza masajes de 15 minutos: “Es increíble cómo mejora la productividad de las personas, esos espacios son habituales en países desarrollados y cada día más empresas se atreven”, señala.

Durante la aplicación de la técnica las personas trabajan áreas como la espalda, los brazos, la cabeza sin necesidad de sacarse la ropa. Ésta es una de los procedimientos más exitosos, con resultados buenos y rápidos que notan de inmediato los trabajadores.

Las largas jornadas laborales, entre otras cosas han generado que los empleados posean, a simple vista, una mala calidad laboral, aumentando el popular estrés laboral. Hoy existen diversas alternativas para mejorar esta situación, las cuales arrojan fantásticos beneficios a las empresas, mejorando la productividad.  El masaje express es uno de los más recomendados.

Sin duda la posibilidad de liberar tensiones parece tentadora más si ésta está dentro de las horas de trabajo y auspiciadas por el jefe. La calidad del ambiente laboral es importante al momento de analizar la productividad y el bienestar de la empresa.

En el caso de los masajes express, las empresas bajan el ausentismo, elevan la productividad y mejoran sustancialmente el desempeño y la calidad del trabajo.

“En Chile las jornadas de trabajo son muy largas, existe una especie de fanatismo por el trabajo con muy poca conciencia de la calidad de vida. El que las personas pasen casi todo el día en las empresas hace que se duplica laIMG_1979 responsabilidad de éstas, por lo que deben preocuparse desde la alimentación que entregan hasta las pautas para relajarse, es un deber”, sentenció NikoVilovic.

Las empresas interesadas en masajes para sus trabajadores pueden contactar a Niko Vilovic en el fono: 76199047.

“Los hombres de a poco han descubierto la importancia de la relajación, y los prejuicios machistas se han ido rompiendo, lo recomendable y por salud es que todas las personas hagan masajes preventivos una o dos veces como mínimo al mes”, aclara.

Y el Niko continúa con la tarea de restar estrés a la espalda de su paciente, quien ya al cabo de unos minutos entra al paraíso de la relajación total. Queda desconectado de la Matrix.

 

 

La historia de la primera dominicana en Magallanes

La historia de la primera dominicana en Magallanes

“Llegué en una época en que las mulatas no se veía…”

 

 

Matilde Peña, de 4dominicana2 años, cambió el calor tropical y las caras siempre sonrientes, por el frío y los rostros duros de Magallanes.  Pero está feliz, cada segundo que pasa se siente más chilena, aunque las “leyes de Piñera” –dice- generaron una burocracia que la separa de sus tres hijos.  Llegó cuando “la piel oscura era novedad” y los niños se apilaban para tocarla.  Ha visto el paso de una sociedad racista a otra más tolerante y en la transición tajante señala: “Un extranjero miente si dice que acá no ha llorado”. Aunque sus lágrimas las disimula en medio de una risa generosa que explota a cada rato.  Hoy está empecinada con terminar sus estudios en la  escuela del Centro de Integración del Inmigrante en la Patagonia, Cidip y en sus sueños dibuja una tienda de ropa que la saque definitivamente de las solitarias y bohemias noches australes.

-¿Ycuántas horas en bus son hasta Punta Arenas? –pregunta Matilde Peña, en oraciones alargadas, con dejo de sol tropical que salpican el ritmo de sus palabras-.

Entonces, corría el año 1999 y tenía una figura que era la Fuerza de Gravedad de todas las miradas: “Claro, acá, mi chico, nadie usaba falditas cortas, y un hombre que iba manejando no me despegó la vista de encima y Dios mío chocó con otro coche, yo me fui rapidito asustada”.  Eran sus primeros días en Santiago… al poco tiempo se casó.  Quedó sin trabajo y aceptó una oferta laboral que apareció en el diario… Destino: Punta Arenas.

-No, si te vienes en avión, no te preocupes –dijo la mujer que la entrevistó primero en Santiago y luego le envió los pasajes-.

Para Matilde, Chile ya era un nombre raro y Punta Arenas, un punto que no sabía dónde quedaba.   Pero la mayor sorpresa vino ya en tierra austral: “No era un restaurante, sino que un club nocturno, el Nuevo Ritmo… me hice el ánimo y todo, tenía tres bocas que alimentar, mis tres hijos y mi madre que esperaba sagrada su platita, Diosito  nunca me ha abandonado… En Santiago había frío, acá ya era horrible”, cuenta y pasa de un tema a otro, siempre colocando risas a las penas, porque cada  vez  que  un  caribeño cruza su frontera, carga una pesada maleta de desconfianza y prejuicios, donde poco o nada se dice de su folclore, costumbres y sueños. Matilde cambió voluntariamente el sol tropical por el hielo.

“Fui la primera negra en ir a Porvenir.  Cuando cruce en la barcaza, el capitán muy amable me dio la bienvenida, todo un caballero, me contó que yo era la primera mujer mulata en subir… Y en Porvenir, los niños tenían curiosidad por el color de mi piel”, va sumando anécdotas Peña.

“Habíamos sólo tres mulatas: Brenda, yo y una colombiana.  De las otras sólo sigo yo en Punta Arenas.  Éramos la novedad.  La gente no estaba acostumbrada a ver a negritas.  En la calle muchos ni te miraban, en cambio hoy hay niños y niñas negritas en los colegios, la situación está cambiando, las razas y las culturas se están juntando: ¿Qué va a salir de todo (vuelve a estallar en risas)… Hoy, todo es más normal, puedes conseguir leche de coco, yuca, batata, licor de choclo, plátano verde, y tantas cosas que antes no habían”, asegura y mira a su pareja, Mario CondonnierBuce, quien la acompaña.  Llevan nueve años juntos: “Yo no tengo secretos con él, mi vida es transparente”, advierte y ambos expresan una sonrisa cómplices.

Es ahí cuando sentencia que la noche magallánica tiene harta soledad.  Gente triste, solitaria, soltando sus problemas en el refugio de la oscuridad, y que sólo pierde la vergüenza frente a extraños: “Me contaban muchas cosas, una pasa a ser  una especie de paños de lágrimas, se trabaja como en un confesionario –explota nuevamente en risas y ordena su melena rulienta-… Siento que el chileno, en general, se hace problemas por cosas que no son importantes, no disfrutan lo que tienen… No entiendo cómo gente joven se puede suicidar, qué poco, a veces, se valora la vida, la propia, la de uno.  En mi país hay gente con más problemas y siguen, adelante, con alegría”, aclara.

Al principio, las noches se hacían eternas y se ve a sí misma, apoyada en el bar, esperando al parroquiano, mientras el frío afuera ddominicana 2ibujaba la antítesis de lo que es Río San Juan, el pueblo costero y turístico de Matilde.

“Un día un amigo que siempre iba al local me dice que hagamos un negocio, tú no eres chica para estar acá.  ‘Yo no tengo plata’, le dije… Y me contó que era jubilado de Enap… Y tuvimos dos locales, uno en Mejicana y el otro en José Nogueira… Yo digo las cosas como son, no tengo que ocultar nada”, va pasando de una a otra historia y vuelve a su pueblo:

“En Río San Juan, todos andan en traje de baño y bikini… La gente es solidaria, es un lugar tan pequeño que todos se conocen.  Pero ya me siento chilena, éste ahora es mi país y mucha de mi familia se vino, incluso mis hijos estudiaron acá, en el colegio, hoy quieren volver, pero con Piñera se puso todo más burocrático y les piden Visa y cuenta bancaria a cada uno, imagínate, con Bachelet no estaba ese problema, ella le puso la banda a nuestro Presidente, uno debiera vivir donde quiere, las fronteras dividen tanto”, explica.

Llegó cuando “la piel oscura era novedad” y los niños se apilaban para tocarla.  Ha visto el paso de una sociedad racista a otra más tolerante y en la transición tajante señala: “Un extranjero miente si dice que acá no ha llorado”. Aunque sus lágrimas las disimula en medio de una risa generosa que explota a cada rato.  Hoy está empecinada con terminar sus estudios en la escuela del Centro de Integración del Inmigrante en la Patagonia, Cidip. “Estoy contenta por la oportunidad, aprendemos y quiero en el futuro casarme con mi pareja”, apunta orgullosa.  Mientras  en sus sueños dibuja una tienda de ropa que la saque definitivamente de las solitarias y bohemias noches australes.