ocho horas recogiendo la basura

ocho horas recogiendo la basura

El Día que nadie retiró la basura

Nota que nos recuerda el rol de los recolectores de basura

Llámalos recolectores, basureros o como decidas.  La mayoría son invisibles o no existen.  Pero cada día, puntual aparecen, y retiran lo más asqueroso de cada hogar.  En los últimos días de golpe el país entero reconoció su importancia y una pequeña grieta se rasgó como una bolsa plástica, dejando al descubierto la dura vida de los hombres que limpian los desperdicios de la ciudad.  Son historias que en Magallanes tienen un color más áspero, por la escarcha, el frío, la nieve, los bajos sueldos, y la poca deferencia de la “ciudadanía” a la hora preparar tachos y colgar cestos, dificultando así el trabajo de Rodrigo, Héctor, Luis, Daniel y tantos otros.  Este episodio lo vivimos durante ocho horas, cargando tarros, colgados del camión, sintiendo el desprecio de algunos y el reconocimiento de otros.  Lo invitamos a ser testigo de la noche en que retiramos la basura de su casa.

El día que no se retiraron los desperdicios en Punta Arenas, apareció otra ciudad: Más de 200 toneladas de basura quedaron bajo la custodia de perros, en su mayoría, abandonados.  Y bajo la bazofia, la incertidumbre hizo visibles a los recolectores y su rol.  Todos los extrañaron.  Entonces los dirigentes, haciendo un gesto noble aceptaron hacer un paréntesis al paro y salir a recolectar los asfixiantes desperdicios, a la espera de una respuesta favorable a sus demandas. 

El próximo lunes esperan tener una solución. 

19.20 horas.  Ignacio carrera Pinto casi esquina Armando Sanhueza.  La noche está fría, pero agradable. Desde la luz tenue de algunas ventanas se logra divisar a algunas familias saborear una espléndida once.  Para nosotros, la jornada comienza.

En un minuto tengo el buzo puesto y a los 43 años, me cuelgo del camión. “Tiene que agarrar la cuerda primero, después saltar al peldaño, si no se va a caer”, advierte Héctor.  Es la primera capacitación improvisada que recibo. 

No hay tiempo.  Hay que ganarles a los perros la esquina.  Pululan por todos lados, moviendo la cola. En el vertiginoso desfile, deambulan canes de distintos portes, pelajes, razas e infinidad de ladridos.  Hay más de 12 mil, según la última cifra oficial.

El vencimiento de muchas mascotas llega, en la mayoría de los casos, cuando alcanzan un tamaño inesperado, por cambio de casa, traslados, problemas económicos, el nacimiento de algún bebé o porque simplemente dejaron de gustar.  En el pasado fueron mimados, tenían nombres pomposos… hasta que un día, la mano amistosa que les acarició la cabeza los echó a la calle como productos a los que les expiró la fecha de consumo.

A los minutos ya agarro la primera mochila de basura y un líquido me escurre por dedos y manos.

-Puede ser cloro, algunas personas le ponen a las bolsas para espantar a los perros –insinúa uno de los compañeros de labor.

-Claro que parece que fuera para nosotros, porque nos cae siempre –explica otro, muy molesto mientras carga un tacho y lo sacude en la mandíbula de fierro del camión.

-¿No tiene guantes? –pregunta Héctor.  Usa un pasamontañas.  No le gustan las fotos, asegura que prefiere que no vean lo que hace.  Va a la cabina y al rato me pasa unos: “¡Póngaselos!”.

Los límites de la ruta de sur a norte son: Avenida Colón con calle Angamos; mientras que desde el Estrecho de Magallanes al cerro, comprende Avenida Costanera con Avenida España.  Casi el corazón del centro. Por ahí hay recovecos, pasajes, calles cerradas que pasamos, siempre colgando, afirmados de un fierro que cruza la parte trasera del vehículo o de sogas deshilachadas que soportan el peso del cuerpo. Al final la seguridad depende del instinto y la buena fortuna.  Estar atento. Cuidarse uno y cuidar al otro. Siempre alguien me adelanta la cuerda… Otro me ayuda con el tarro pesado.

Las dos primeras horas, los diálogos son lacónicos.

En el aprendizaje, los tarros cansan más que las bolsas, pero son más higiénicos, siempre y cuando la basura en el interior también esté en bolsas. 

El cloro de todos los días

Muchas personas colocan cloro en las bolsas y al recogerlas el líquido salta en la cara, manos, ropa.

 

COMPRIMIR LA BASURA

Muchas calles céntricas están cortadas, síntomas de una ciudad que se rehace lentamente después del aluvión que ocurrió hace más de un año.  Eso nos obliga a trasladar a pie varios metros la basura, la mayoría en bolsas débiles, de supermercado… dos, tres, cuatro, todo lo que las fuerzas permitan y arrojarlas al camión.

-“¡Prensa!” –grita Héctor, y agarra dos palancas, ubicadas al lado derecho.  El camión para y las fauces metálicas comienzan a comprimir botellas, cajas, plásticos, latas. La capacidad aguanta 19 metros cúbicos aproximadamente. 

Una vez lleno el camión, hay que ir al vertedero, hasta allá son 16 kilómetros hacia el sur y luego tomar un camino de tierra siete kilómetros contra el mar.  Luego regresar si la tarea quedó inconclusa. 

Los lunes y martes el caudal de basura aumenta considerablemente en el sector centro y los días festivos más aún.  Y ahí es fácil pasar de ocho a doce horas laborales, con idas y vueltas.

Daniel Choque no se queda atrás.  Sacó licencia para conducir camiones y hace poco de maquinaria pesada.  Está desde diciembre en su puesto de chofer y no tiene pelos en la lengua. Quizás su único temor es no hacer bien “la pega”, dice.  Tiene que lidiar con autos que intentan adelantar en estrechas calles, justo cuando el camión está prensando o los “muchachos” cargan la basura.

-Perdón, ¿Choque es su apellido? –pregunto.

-No te imaginas las de bromas que me hacen, incluso a veces piensan que yo les estoy  tomando el pelo –cuenta, mientras asiente con su cabeza.

“Acá es complicado, uno tiene que estar pendiente de los espejos, de los muchachos. Preocupado de cuando prensan, en las poblaciones los pasajes están llenos de autos mal estacionados, en calles angostas y hay que evitar pasar a llevar un espejo”, así resume su trabajo.  Cuando el lugar lo permite, también baja y carga bolsas.

“Hay choferes que se enojan, quieren adelantar…   Y es peligroso…  Por eso estoy de acuerdo con el paro, los sueldos son muy bajos para los cabros… Me saco el sombrero por ellos, y también por los viejos que llevan varios años, tienen más de sesenta años y andan a la par, saltando, corriendo, sin arrugar, esos sí que son duros”, indica.

Tiene la mirada pegada en el retrovisor.  Sabe que de su destreza en el volante depende la vida de sus colegas de labor, sobre todo cuando en invierno la escarcha o la nieve cubren las calles.

“Está bien el paro, los sueldos de los muchachos son muy malos… Contar lo que viven los cabros no es lo mismo que vivirlo, así que buena que haya venido, ojalá algunas autoridades lo hicieran”, desafía Choque, quien espera en el futuro trabajar con maquinaria pesada: “Mi aspiración es poder desarrollarme en lo que sé y ojalá en el futuro trabajar en alguna empresa grande”, confiesa sin pudor.

250 MIL PESOS BRUTO

Mientras avanzamos colgados del camión, Rodrigo, de 25 años, dice que él nunca ha tenido ningún tipo de accidentes, pero que lo típico son mordeduras de perro, cortes por botellas o caídas en la escarcha, en los tiempos de invierno: “Porque acá salimos todos los días, no hay pausa, siempre hay basura y alguien tiene que sacarla”.

Cubre su cabeza con un pañuelo.  No es primera vez en la empresa.  En este último período lleva siete meses.  Ha intentado buscar otro empleo, pero siempre vuelve a la basura.  Sus ojos están en su hija Antonella que debiera nacer la próxima semana, su hijo mayor tiene cinco años. 

“En el futuro, me veo en otro lado.  No veo porvenir acá por las monedas… Soy auxiliar, y gano 250 mil pesos bruto”, cuenta Rodrigo.

En el paso por el centro, los conductores tocan la bocina.  Otros gritan: “Fuerza, sigan adelante”.  Algunos aplauden.  Para los recolectores es un día más. No ven optimistas las negociaciones que se hacen en la capital, a más de 4 kilómetros de distancia.

-¿Y consiguieron que les aumentaran el sueldo? –pregunta una señora, mientras entrega su bolsa.

-No sé –dice Rodrigo-, toma la bolsa y la lanza a las fauces metálicas del camión. 

-¡Este país anda como las pelotas! –Refunfuña la señora-. Tienen que seguir no más, exijan sus derechos-.

No hay tiempo para dialogar, en la esquina de Magallanes con Ignacio Carrera Pinto hay varios tarros, cajas, comida saliendo de bolsas mal cerradas.  El olor es punzante, pegajoso, la otra cara del consumo en su expresión más surrealista.  Siento náuseas.  No aguantaría otro día. 

Héctor, Luis, Rodrigo, entre todos sacamos la basura, intentamos recoger lo que se esparce en la vereda, pero limpiar todo significaría estar al menos una hora en ese lugar y no hay tiempo.  Tampoco es parte del trabajo.

En otras calles encontramos colchones, persianas, bolsas con tierra y pasto que al levantarlas se rompen: “Nosotros no podemos ingresar a las casas y la gente deja las bolsas colgando al otro lado del cerco, claro, para ellos ponerlas es fácil, pero sacarlas desde la calle, cuando a veces te ponen el auto, es difícil y si algo se raja, al tiro salen y te retan… ¿Y qué puede hacer uno? Quedarse callado no más”, lamenta Héctor.  Tiene 24 años y un bebé de dos años que cuenta es la fuente de energía y fuerza para seguir todos los días agarrando los desperdicios de otras personas.

-Uno se acostumbra, los primeros días es más difícil. ¿Cuéntenos después si va a andar molido luego de acompañarnos? –pregunta y todos se ponen a reír-. Mi papá trabaja acá, ha estado en casi todas las empresas que han ganado la licitación del aseo.  Lleva más de 33 años en el rubro, él me trajo y yo me quiero aguantar acá, aprovechar los años de trabajo que llevo y ver qué hago en el futuro.

LA ESCARCHA A TODOS LOS BOTA

El día está impecable.  Lo más complicado es trabajar con escarcha.  No hay nadie que no pueda decir que no se ha caído.  La lluvia también aburre, el agua llega hasta las entrañas, confirman todos.

Pasando por calle Mejicana veo un rostro conocido.  Lo miro fijo.  Baja la cabeza.  Intento saludarlo. Mira hacia otro lado. Me esquiva.  Voy colgando del camión. En Sarmiento, una amiga que pasa tampoco me reconoce.  La piropeo.  Mira de reojo.  A otros les da un poco de vergüenza mirar a la cara cuando entregan la bolsa de basura.

“La gente no siempre valora lo que hacemos, creo que quizás no saben todo lo que significa.  Claro que hay personas buenas que nos regalan ropa y cosas, sobretodo en Navidad, Fiestas Patrias”, cuenta Luis, de 28 años.  Su pareja espera su primer hijo y lo único que desea es tener estabilidad y un buen sueldo para poder cumplirle.

Una vez en el centro, Luis llega con churros.  Nos ofrece a todos.  Doy las gracias pero paso, todavía los olores giran como lavadora por mi estómago.  La señora del puesto que está en Bories, casi llegando a Avenida Colón se los dio. 

Las horas volaron y pasado la una de la mañana, enfilamos hacia el vertedero.  Desde el centro son 16 kilómetros al sur y de ahí hacia el cerro siete kilómetros y medio, aproximadamente.  El camino es sinuoso, a ratos un temblor nos sacude (vamos en la cabina). 

“Como usted ve, vamos a ciegas.  Prenden sólo a veces las luces.  En ocasiones uno se queda empantanado, los camiones sufren mucho y  los arreglan tarde mal y nunca.  En la noche somos dos camiones. El otro día uno quedó enterrado, nosotros habíamos terminado, no sabíamos, si no lo hubiéramos ido a rescatar, porque acá hay mucho compañerismo.  Al final, uno bota a ciegas la basura, nos pasan una linterna y con eso nos arreglamos”, va contando Choque, sin pelos en la lengua.

La ciudad de Punta Arenas no tiene tratamiento para los desperdicios, todo va al mismo lugar.  Es como quien barre la basura de la casa, y cuando nadie lo ve, la esconde debajo de la cama, creyendo que así resuelve el problema.

Varios días después de acompañar a los trabajadores de un turno, durante ocho horas, por las frías calles de Punta Arenas, todavía late el olor punzante y afloran las imágenes de charcos nauseabundos chorreando generosos por las bolsas de plásticos. 

Aún persiste el olor pegado a la ropa, el barro en los zapatos.  Son huellas digitales imborrables después de cada jornada.  Rodrigo, Héctor, Luis, y Daniel son los protagonistas, junto a más de setenta personas que dignifican la ciudad de Punta Arenas, sacando la basura de la puerta de su casa.

 (Nota publicada el mes de julio del año 2013, cuando los recolectores de basura pararon el país. Hoy recordamos su esfuerzo y sacrificio. Lo más probable es que los protagonistas de la nota estén en otros empleos)

El rey del pan en Magallanes es colombiano

El rey del pan en Magallanes es colombiano

Esos diez clientes que creyeron en mí todavía los tengo, y hay 17 más y otras empresas grandes que se han sumado.  En total vendemos más de 500 kilos de pan al día, contando la segunda filial de ‘La Sucursal del Cielo’ que tenemos en el centro de la ciudad de Punta Arenas.

Diego Carabalí

Diego Carabalí Naranjo durante tres años trabajó en el frigorífico, en la construcción, lavando autos y loza, hasta que un día -por casualidad- llegó de ayudante a una panadería.  Ahí aprendió el oficio y acumuló experiencia en otras cuatro.  Hoy tiene dos innovadores negocios y a 20 personas contratadas.  El último -inaugurado hace poco más de un mes en pleno centro de Punta Arenas- es exactamente igual al que soñó el día que murió su abuelo, en Cali.

-Señor, no se la puedo entregar, tiene que venir a retirar la camioneta el dueño –le explicó la señorita de la automotora al joven moreno de jeans y polera que tenía al frente.

Diego Carabalí Naranjo, 27 años, sacó unos papeles, se los mostró y le dijo: “Yo soy el dueño”. 

La historia la cuenta sin rabia, pausado, incluso justificando a la vendedora. Más tarde, cuando retiró el segundo vehículo, también para transportar pan, le ocurrió lo mismo.

El próximo 13 de octubre cumple seis años en Punta Arenas, tiene dos negocios y veinte personas contratadas. Hoy la historia suena sencilla. Pero para entenderla hay que rebobinar el tiempo hacia atrás, sumergirse a la nostalgia de Cali y flotar bajo el encantamiento del realismo mágico, ese con el que el colombiano García Márquez, premio Nobel de Literatura, hizo volar hasta perder en el cielo a Remedios la Bella y que a fuerza de palabras prendió a todo el mundo con los cien años de soledad de Macondo. 

A este lado del mundo, Diego Carabalí, coterráneo del periodista, le puso materialidad a la imaginación, y forjó así su propio milagro, junto a su esposa chilena, Ana Belén Castillo. 

“Los tres primeros años trabajé en todo lo que podía. La construcción, lavé loza, en la empresa de la lana… y donde más ganaba era en el frigorífico. Ahorré todo. No tenía tiempo ni de salir. Muchas veces fui enfermo a trabajar, no podía fallar. Yo quería volver a Colombia”, recuerda.  En esa época vivía en la población Aves Australes, y en sus tránsitos, más de una vez se topó con Samuel Castro Henríquez, dueño de la panadería Nacimiento.

“El hombre me ofreció varias veces trabajo, pero yo estaba siempre ocupado y pensaba que no era mucho lo que se podía ganar ahí. Pero un día, cuando acepté…  me cambió la vida”, lo dice emocionado.  Y continúa su relato: “Me enamoré de la ciencia de hacer pan.  Me equivoqué muchas veces y don Samuel siempre me apoyó.  Es una excelente persona y gran parte de lo que tengo hoy se lo debo a sus enseñanzas”, va narrando, mientras la mirada se pierde en el pasado, en las noches, en el aprendizaje de hacer “marraqueta” o “pan batido”.  Lejos lo más difícil, hay que saber preparar la masa para que no pierda consistencia y dejarla lista en la noche.

Más tarde siguió su periplo por otras cuatro panaderías y pastelerías.  “Estuve en las mejores.  De una aprendí el sistema de trabajo y turnos, en otra cómo hacer la mejor masa del pan, hay una que tiene las más ricas empanadas, la masa de pizza más sabrosa… Me llevé lo mejor de cada una.  Conocí a mi mujer, Ana Belén Castillo, ella es de Puerto Williams y ahí me di cuenta que tenía que aspirar a más y que Colombia ya era pasado”, mantiene pausas mientras cuenta su historia como si la viera pasar frente a sus ojos.

Entonces compró un horno industrial, herramientas y veinte latas. Empezó en el sector de Villa Las Nieves. Le fue mal y tuvo que cerrar.  Decidió guardar en una pieza las máquinas y trabajar en otra cosa hasta que soñó su primera panadería.  Fue el mismo día que murió su abuela octogenaria.  La somnolencia lo trasladó, por un rato, del frío de Punta Arenas a una noche tibia cualquiera del Caribe, con la ropa agazapada al cuerpo y la gente enfilando a la rumba.  Ahí la abuela lo retaba y le increpaba que tenía su horno guardado, sin ocuparlo.  Despertó angustiado, con esa imagen en la cabeza y esa misma mañana partió a buscar una casa grande para arrendar.  La encontró en Mateo y Toro Zambrano 2104, en el corazón del barrio 18 de Septiembre.  A su esposa le gustó. Estaba todo decidido pero le faltaba el dinero.

Ya había gastado los ahorros en el horno y las bandejas… así que le pidió prestado a su hermano Daniel que estaba en Puerto Williams, trabajando en una panadería y otro familiar le ayudó para el mes de garantía. La dueña le dio las facilidades para que el primer mes corriera al momento de tener todos los permisos al día.  Se demoró veinte días.

“Me quedaba un saco de harina y lo hice en pan.  Lo llevé a diez negocios de barrio, me lo compraron todo, y me pidieron para el día siguiente”, dice orgulloso.  Esa noche se amaneció: tenía que hacer masa, esperar los tiempos de cocción, envasarlo y repartirlo. Así nació la primera panadería ‘La Sucursal del Cielo’.

“Esos diez clientes que creyeron en mí todavía los tengo, y hay 17 más y otras empresas grandes que se han sumado.  En total vendemos más de 500 kilos de pan al día, contando la segunda filial de ‘La Sucursal del Cielo’ que tenemos en el centro”, explica.

Inaugurada hace poco más de un mes, también fue un sueño. Cuando su abuelo estaba grave viajó a Cali, a despedirse. Llegó un martes y murió un jueves.  “Esa noche vi una pastelería gigante, con vidrios y vitrinas por todos lados. Era muy elegante. Estaba en eso cuando me despiertan los gritos de mi mamá… el abuelo había partido y nos fuimos al hospital. Él, conoció la primera panadería, lo había invitado dos veces y estaba muy orgulloso, hablaba mucho de mí y mi hermano Daniel en sus últimos días”, asegura.  Al regreso salió, junto a su esposa a buscar su sueño.  Y lo encontró en calle Fagnano con Nogueira.

–          ¿Y extraña Colombia?

–          “Siempre se extraña. Por eso ahora vendemos productos que mis compatriotas añoran y hacemos pan colombiano, con ingredientes que traemos de allá. Pero cuando viajo quiero volver a Punta Arenas. Acá nació mi hija Antonella, 2 años, y hay una tranquilidad que cuando la cuento en Cali no me creen. Uno puede dejar las llaves puestas en el auto y no pasa nada. La gente es muy buena y honesta y eso no tiene precio y hay que cuidarlo”.

Ministro Walker llama a trabajar unidos por el cuidado del agua

Ministro Walker llama a trabajar unidos por el cuidado del agua

Cuidar el agua

Ministro Walker

Antonio Walker

Antonio Walker

Ministro de Agricultura

En la oportunidad el Ministro Walker destacó la importancia de solucionar el tema de acceso al agua para todos los chilenos y enfatizó en que el Código de Aguas debe hacerse cargo de manera justa de la utilización del recurso. Postura que fue compartida por el Ministro Moreno quien destacó que actualmente en Chile 1.400.000 personas no tienen agua potable en su vivienda o acceso a un baño en su hogar.

PArticiparon más de 25 instituciones

evento 

Con un encuentro ciudadano en el centro de Santiago, los ministros de Agricultura, Antonio Walker, y de Desarrollo Social, Alfredo Moreno, junto al Subsecretario del agro, Alfonso Vargas, encabezaron la conmemoración del Día Mundial del Agua, actividad que estuvo marcada por el realce a la innovación en el resguardo y uso sustentable del agua.

El Ministro Walker realizó un recorrido para experimentar y aprender de las actividades sobre el cuidado del agua junto al Subsecretario de Obras Públicas, Lucas Palacios, el Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de Riego (CNR), Federico Errázuriz, y el presidente de Fundación Chile, Alejandro Jadresic.

La actividad llamada “Encuentro Unidos por el Agua” fue producida por la Fundación de Comunicaciones, Capacitación y Cultura del Agro (FUCOA) y tuvo un foco educativo; contó con stands informativos y juegos en los que participaron más de 200 niños.

En la oportunidad el Ministro Walker destacó la importancia de solucionar el tema de acceso al agua para todos los chilenos y enfatizó en que el Código de Aguas debe hacerse cargo de manera justa de la utilización del recurso. Postura que fue compartida por el Ministro Moreno quien destacó que actualmente en Chile 1.400.000 personas no tienen agua potable en su vivienda o acceso a un baño en su hogar.

Por su parte, el Secretario Ejecutivo de la CNR, Federico Errázuriz, destacó la importancia del “Encuentro Unidos por el Agua”, ya que se convocó a “los distintos sectores y a la ciudadanía a utilizar el recurso de forma responsable y eficiente, resguardando su disponibilidad y asegurándola para el futuro”. Además, señaló que este año se cuentan con más $67 mil millones para los concursos de riego y que se acelerará la incorporación de nuevas tecnologías como: la telemetría, energías renovables y nuevas prácticas como la infiltración y la recarga de acuíferos, entre una serie de otras iniciativas que apuntan a la eficiencia de los recursos.

Por último, el presidente de Fundación Chile, Alejandro Jadresic, se refirió a “Chile aparece dentro de las 30 naciones del mundo con mayor riesgo hídrico al año 2025. La urgencia de la situación hídrica en Chile y el mundo nos desafía a integrar este recurso en la ecuación de desarrollo sustentable del país”. Además, destacó que en este encuentro ciudadano producido en el marco del Día Mundial del Agua se haya convocado a los niños, ya que “hoy más que nunca necesitamos promover una cultura de cuidado del agua desde edades tempranas y debemos pasar a la acción. Y cada acción cuenta”.

Historias campesinas

Crónica Austral

Un espacio para narrar y contar las historias de la Patagonia, a través de la investigación periodística y la recuperación del relato como instrumento de seducción en el fomento de la lectura.

Día de la prensa: ¡Poco qué celebrar, mucho qué cambiar!

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Escenario que no escapa a la realidad local que ha visto desaparecer a periodistas de la dirección de medios, reemplazados en su mayoría por profesionales que tienen habilidades comerciales.

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Agricultores de INDAP aplican protocolos sanitarios y entregan productos a domicilio. Otros venden en predios de manera regulada, con horarios establecidos vía telefónica para no generar aglomeraciones. Ya cuentan con una página web para contactarlos.

Director Nacional de INIA y los 50 años del instituto

Director Nacional de INIA y los 50 años del instituto

Director Nacional de INIA: “Estamos orgullosos por el aporte que INIA ha realizado durante sus 50 años en Magallanes”

La autoridad fue acompañado por la Subdirectora Nacional de I+D, Marta Alfaro, y su agenda contempló una nutrida ronda de actividades, entre las que destacó su participación en el seminario que dio inicio al programa de capacitación en técnicas de horticultura sustentable de INIA Kampenaike.

El Director Nacional del Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), Pedro Bustos, calificó de “muy positivo” su reciente paso por la región de Magallanes donde junto a la Subdirectora Nacional de I+D, Marta Alfaro, sostuvieron reuniones con los profesionales y trabajadores de INIA Kampenaike y visitaron los diferentes centros de trabajo, en el marco de los 50 años que cumple la institución en la Región.

“Esta visita ha sido muy positiva, tuvimos la oportunidad de  conversar con los investigadores y todo el personal del centro, hemos ido a ver los campos del INIA y los de algunos agricultores que trabajan con nosotros para observar cómo están aplicando el paquete tecnológico que les entregamos”, describió el director nacional. Por otro lado, agradeció a las autoridades regionales a quienes dio un saludo protocolar, por el apoyo que le brindan a las iniciativas y proyectos de la institución. “Hemos tenido la oportunidad de conversar con el intendente y el Seremi de agricultura sobre los intereses que ellos tienen respecto de la cooperación y el aporte que realiza INIA a la región y sobre cómo ven al centro en los próximos años. También  aprovechamos de darles las gracias por el apoyo que nos han brindado a los largo de estos 50 años”.

“Esta región va a ser una de las que más se va a ver beneficiada con el cambio climático porque va a permitir desarrollar una agricultura distinta a lo que tradicionalmente se venía haciendo”

(Francisco Sales, director regional de INIA Kampenaike)

Por su parte, Francisco Sales, director regional de INIA Kampenaike, junto con valorar la presencia de las autoridades nacionales, agregó que en Magallanes, a lo largo de sus 50 años de presencia, “INIA ha sido capaz de responder a las necesidades y desafíos que tiene la región con resultados bastante auspiciosos, tanto así que cada vez ha ido tomando mayor fuerza el desarrollo de la hortofrutícultura, algo que era impensado en esta zona, pero que gracias a las investigaciones de nuestros investigadores queda demostrado que sí es posible”, destacó.

Por su parte, la subdirectora Marta Alfaro, indicó que  “sin duda, el desarrollo y manejo sostenible de los recursos naturales va a ser cada vez más importante, en particular en los escenarios de cambio climático que se prevén. Esta región va a ser una de las que más se va a ver beneficiada con el cambio climático porque va a permitir desarrollar una agricultura distinta a lo que tradicionalmente se venía haciendo. Así que estamos muy expectantes de lo que va a ocurrir en los próximos años con la ganadería y la agricultura en esta región y con el rol que el INIA puede cumplir apoyando al desarrollo sostenible”.

Previo al término de su visita, Bustos y Alfaro tuvieron la tarea de inaugurar el primer seminario de capacitación en agricultura sustentable que abrió el programa de Capacitación en técnicas de horticultura sustentable para el pequeño agricultor de Magallanes, proyecto que ha sido financiado por el GORE. Respecto de los 50 años que cumple el INIA en la región,  todos coincidieron en que han sido años de arduo trabajo en los que se han logrado grandes hitos como la introducción de la esquila pre-parto y la técnica Tally-Hi,  que favorece el crecimiento y salud de los corderos y sus madres; la primera exportación de bovinos a la Isla Falkland, lo que derivó en la primera exportación de ganado chileno a productores miembros de la Unión Europea, el posicionamiento frutícola de la región, entre otros grandes logros.

Finalmente, Pedro Bustos indicó que por todos estos logros y más, es que se va “feliz de haber dado el puntapié inicial a la celebración de los 50 años del INIA en Magallanes”.

Acerca de INIA

El Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA) es la principal institución de investigación agropecuaria de Chile, dependiente del Ministerio de Agricultura, con presencia nacional de Arica a Magallanes, a través de sus 10 Centros Regionales, además de oficinas técnicas y centros experimentales en cada una de las regiones del país. Su misión es generar y transferir conocimientos y tecnologías estratégicas a escala global, para producir innovación y mejorar la competitividad del sector agroalimentario. www.inia.cl

Maneja el arte del manicure y enseña clases de baile gratis

Maneja el arte del manicure y enseña clases de baile gratis

 Verónica Arbeláez le ganó al frío

Verónica Arbeláez quiere –como muchos de sus compatriotas- expresar sus costumbres, ponerle candela a la región y demostrar que más allá de cualquier estigma es una persona trabajadora y esforzada que busca ganarle al destino con alegría y cambiar la esquiva suerte, tal cual lo hicieron, en el pasado, los pioneros que beneficiaron a Magallanes.

Alguien le contó a su prima, ella le dijo a su mamá, a otro primo y poco a poco comenzaron a llegar en familia, algunos con la tristeza en la valija; la mayoría con la esperanza de triunfar en un lugar sobre el cual no tenían ninguna referencia.

Al traspasar la puerta del aeropuerto Carlos Ibáñez del Campo, un viento helado y gélido le avisó a Verónica Arbaláez Sánchez (31) que ya estaba en Punta Arenas.  No había vuelta atrás.  Quedó paralizada, primero.  Luego, la escena le dio risa. Ríe siempre, cuando está triste, nerviosa, cuando las cosas no resultan. Porque para ella –proclama- el mejor pasaporte para vivir es la alegría.  

“Nunca había sentido tanto frío ni siquiera imaginaba cómo era, casi me devuelvo”, dice con una sonrisa gigante, con ritmo, como si las palabras danzaran al momento de formar las oraciones. 

“Soy de Cali Valle”, señala orgullosa y su risa, nuevamente su risa de radiantes dientes blancos, queda flotando en aire del salón de peluquería y manicure, ubicado en calle Magallanes, frente a un supermercado.

Llegó de Cali, “la sucursal del cielo y la salsa”, a poner ritmo al estrés 

La tranquilidad de Punta Arenas terminó por seducirla,

Arregla manos y pies, para hombres y mujeres, una oferta que crece en la zona y que según Verónica Arbaláez relaja y gratifica, sobre todo en esas partes del cuerpo que generalmente descuidamos.

Cuenta que en su ciudad tenía un pequeño salón de uñas. Y aunque –asegura- no le iba mal, la tranquilidad de Punta Arenas terminó por seducirla, al año siguiente trajo a sus dos hijos que hoy estudian en colegios de la ciudad. 

“Me vine a arreglar uñas, manos, pies y me ha ido bien, confío en mi arte y la gente lo valora. Las mujeres agradecen la llegada, antes no había tanta oferta. Incluso hay hombres que se arreglan también las manos, son los menos, pero con el tiempo pienso que la preocupación va a ir creciendo. Hay que darse un gusto y cuidar su cuerpo, no todo puede ser trabajo. Las manos son la primera imagen de una persona y hay que atenderlas”, recomienda.

En un rincón de la peluquería instala una pequeña mesa, un espejo y una almohada para que las clientas pongan las manos.  Y desde un mueble con cajoneras verticales va sacando un arsenal de pinturas, limas, corta uñas, algodones y cremas para todo tipo de piel.  “Este es mi lugar de trabajo. Estoy contenta porque hago lo que me gusta y la gente valora mi arte”, reflexiona.

En Punta Arenas, en tanto, aprendió técnicas de peinado, lavado de pelo y otros menesteres necesarios en el salón. “Siempre hay que perfeccionarse, la dueña (una brasileña) de la peluquería, generosamente me preparó y hoy tengo más conocimientos”, precisa.

Atrás quedó la ciudad del verano eterno, con olor a rumba y destellos de alegría, un territorio que da al Pacífico y que a puro baile se ganó el título de “sucursal del cielo y la salsa”. Cali, una ciudad con 483 años de vida y que por primera vez en su historia, este año, es elegida destino cultural de Sudamérica por World Travel Award, la misma organización que ha destacado varias veces a Las Torres del Paine y el desierto de Atacama.

Y así como la ciudad de Cali se autodenomina la capital mundial de la salsa por sus más de 200 escuelas de baile inscritas, Verónica Arbaláez declara que en su tierra todos son bailarines y que ella no es la excepción. 

“Nosotros tenemos una riqueza cultural que me interesa mostrar y que la gente de Punta Arenas conozca. Gracias a la seremi de Cultura realizo clases de cumbia gratis. La idea es aportar con alegría, ritmo y ganas de salir de adelante. Todo caleño rico o pobre tiene la música en la sangre, así que ya sabe, está invitado”, sugiere. 

Ahora insiste y estalla de nuevo en otra versión de risa: “Las clases son en el liceo Sara Braun, todos los lunes a las 19 horas. Hay interés, pero faltan más hombres, las clases se llaman ‘Cumbiando en Magallanes’, avise, ayúdenos con la promoción, la van a pasar bien”, sentencia.

La primera vez que bailó en público fue hace tres años en el Carnaval del Invierno, con la agrupación “Colombianos unidos en la Patagonia”. Desde entonces los empezaron a invitar a mostrar su baile, folclor y gastronomía a distintos lugares de Magallanes. 

“Siempre vamos a donde nos inviten. Hemos estado en la Isla de Tierra del Fuego, en Villa Tehuelche, en colegios. Lo que más piden es la ‘Pollera Colorá –considerada una de las canciones más emblemáticas de Colombia- y vamos con nuestros trajes típicos. Es muy lindo. También hemos participado en muestras gastronómicas”, valora. Siempre invitada por instituciones de Gobierno u organizaciones sin fines de lucro.

  ¿Te han discriminado en Magallanes?

La pregunta queda flotando. No es fácil. Cada vez que un caribeño cruza su frontera, carga una pesada maleta de desconfianza y prejuicios. La prensa mundial tiene miles de kilómetros de páginas escritas con tiros, muertes, guerrilla… pero ahí poco o nada se dice de su folclor, costumbres, sueños. De la cultura que suma riqueza al que lugar que llega. Y del aporte y el esfuerzo del inmigrante.

“Una sola vez me trataron mal, aunque conozco varios casos de compatriotas que no lo han pasado bien, a veces por prejuicio, por desconocimiento, no sé. Un peluquero con el que trabajé me dijo muchas cosas feas y de eso prefiero no hablar. Pero una abogada (Maritza) muy buena y linda de corazón me orientó y salió todo bien para mí. Pero en general la gente ha sido amable, cariñosa”, asegura.

Queda en silencio y deja de reír por un rato.  Parece que se va a enojar, pero a los segundos desenfunda una sonrisa reconfortante: “Hay muchas personas que valoro y agradezco como la Nany que es como mi abuela, nos recibió en su casa, ella nos arrendaba un cuarto en su hostal, y se preocupaba mucho. Me hizo sentir parte de su familia… su esposo, hijas, nietas, todas muy buenas personas.  Los amo, los adoro, aunque he sido ingrata y no las he visitado este último tiempo”, explica y las risas vuelven a la normalidad.

Las comidas también dan nostalgia.  Y pese a que el plátano verde, la harina de maíz y otros productos del Caribe ya ocupan las vitrinas del comercio, “aún falta el pan bono o los mangos, porque los que llegan son diferentes, les falta sabor”, reclama entre risas.

Y la protesta es justificaba por los magallánicos que han visitado o conocen la historia de Cali, porque ahí existe una cultura culinaria antigua, única y que la ubica en la cima de los platos coloridos de Colombia.

Dulces de melaza (lo más azucarado de la caña), pudines de arroz o de coco, sopas variadas de plátano y carne son algunas de las delicias desarrolladas en Cali que Verónica extraña, pero que no pesan tanto como la tranquilidad y la buenaventura que hoy vive en Magallanes.

Desde que llegó se ha transformado en una embajadora de la cultura de Cali, Colombia, apoyada por la seremi de Cultura y otras organizaciones.

Obras reviven el paisaje antiguo de Magallanes

Obras reviven el paisaje antiguo de Magallanes

Artista en óleo devela los Movimientos del Pasado

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Julio Barría Concha, de 34 años, investi Cada detalle de Una foto Hasta lograr v recrear La Época. La tarea no es Fácil: Revisión de Diarios antiguos y Decenas de visitas al Lugar Donde Pudo Haber Sido Tomada, Sacando con la imaginación, casas, Árboles o Edificios Que En El Pasado no pudieron Estar. LUEGO, suponer la estación del Año, el declinar de la luz, los matices de las sombras y el movimiento … y más tarde, en la calma de su más alto Recuperar una trazos del pincel Precisos la historia olvidada, Sobre la tela. El resultado m: Una obra de arte. 

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La televisión ESTA A Todo volumen, Pero Cada Vez Las Noticias se ESCUCHAN de Mas Lejos. Y Las Palabras de los Conductores Caen Como pequeños pedruscos En El Fondo templado de su Conciencia. Varios Minutos despues, Julio Barría sin nada percibe. ESTA absorto y los colores Comienzan a despertar la vida del Magallanes antiguo Sobre la tela, col Ritmo de pinceladas Realistas.

El ritual siempre lo Repite, Solo Así Logra la anhelada Concentración: “Cuando pinto me gusta escuchar noticias, Ahí me Concentro … Puedo Estar horas, El Tiempo vuela, Definitivamente pierdo la Nocion, Porque Realmente me gusta lo que hago”, dados.

La Misma Sensación -imagina Barría- Sentian los presos del Centro de Cumplimiento Penitenciario. Durante cuatro años les Hizo clases un Hombres y mujeres, al Mismo Tiempo.

El artista Quedo Sorprendido Por La Capacidad de redescubrirse de ALGUNAS PERSONAS Que Hasta then Nunca habian Tomado pincel un: “muy MUCHOS Eran buenos época de aunque y Una Vez a la Semana, destacaban varios, Mucho habia potencial y talento. Pienso Que pintar les Subía la autoestima. Var 69213_473005519421577_116119264_nios quedaron con obras hermosas Que regalaron un su familia o guardaron “, Explica, contento de la Tarea Que realizaba Y Que, A Veces, Extraña todavía.

Julio Barría Concha, dibujando comenzo. Al poco Tiempo Paso a la acuarela, ya los doce años ya ESTABA en el óleo.

Más tarde sistematizó SUS talentos en la academia del artista Vicente Casanueva. Fuerón dos años Que logro aprehender las Técnicas Realistas.

“Las reproducciones de obras Famosas were mi fuerte Hasta los 20 años, era Una forma de practice y Aprender”, Recuerda.

Pero Also el arte se transformo en Una Oportunidad de Negocio. Hace cinco años Atrás Hacia pinturas del Ámbito deportivo de automóviles de carreras, Alcanzó un vendedor Cerca de 30 obras, Pero hoy Siente Que cumplio ciclo de la ONU.

Hoy està empeñado en Rescatar la vida antigua de Magallanes, SUS colores, Formas de vida … viejos almacenes, Todo desfila en SUS telas, despertando la memoria. Durante el Investiga Proceso Cada detalle de Una foto Hasta lograr v recrear La Época.

Hace Casi 3 años comenzo un Rescatar la Ciudad Antigua A partir de cuadros. Los Mas Grandes, Por lo general, el metro de la ONU Miden 10 Centímetros POR 70 cms. En Varias Empresas, SUS obras alegran la vista en las Salas de espera.

“Hijo Generalmente un pedido, y En Cada Una puedo tardar Cerca de 15 días mas o menos, el pecado considerar la Investigación. Cada nuevo cuadro Es Un Desafío Que Me entusiasma mucho “, Explica Barría.

Pintar en óleo no es Fácil. Los Colores Azules Rápido Más SECAN, MIENTRAS Que Los Claros Tardan Más Tiempo. “Me Gusta Jugar con los matices, Rescatar el alma de la vida Pasada, las viejas Costumbres, los autos de antaño … Me gustan los Temas urbanos, el juego de las luces reflejado en el pavimento … Esa es la temática”, Cuenta Julio.

Ha Realizado Más de cien pinturas. Cada Una es Única e irrepetible: “Yo gusta pintarlas, Pero No Que se queden en mi casa. Quiero Que Esten En lugares Donde la Gente Pueda disfrutarlas. Una Vez Terminada, viene la Otra Parte Que es Muy importante: colocarle Elmarco, ALGUNOS Dicen que Ahí está el Mas del 50% de obra De Una “, asegura.

Y bien si, hoy, Julio Barría Concha this Por Terminar la carrera de Ingeniería Comercial y Trabaja Hace Varios años de digitalizador en La Prensa Austral, asegura Que su gran pasión es la pintura. Por Eso, Cuando Enciende las noticias y se pone Frente a la tela, SABE Que la magia lo transportará una ONU mundo de colores, El Donde ONU Será pequeño Dios Recuperar podra Que, al Menos en la tela, la vida del Pasado.