Agricultores de Magallanes salvan la temporada agrícola con Mercado Online

Agricultores de Magallanes salvan la temporada agrícola con Mercado Online

Frente a la pandemia del Covid-19, que está provocando graves daños sanitarios y sacudiendo la economía a nivel global, pequeños agricultores de Punta Arenas y Puerto Natales hicieron aflorar su ingenio para comercializar sus hortalizas y frutas de temporada y, a través de INDAP MAGALLANES, crearon un Mercado Campesino Online para llegar con productos frescos a la comunidad.

Con las inversiones del servicio del agro y el Gobierno Regional, en invernaderos, sistemas de riego y capacitaciones, éste prometía ser un gran año para la producción agrícola en la zona austral, pero el avance del coronavirus hizo que se suspendieran las ferias y espacios de comercialización que estaban programados para evitar las aglomeraciones.

Gracias al Mercado Campesino Online, que entrega información de la oferta agrícola disponible y que ha sido publicitado a través de los medios de comunicación de la zona y las redes sociales, los productores han podido incluso mejorar las ventas que tenían proyectadas, con entregas en sus predios y a domicilio de manera regulada y con horarios establecidos.

Una de las primeras en sumarse a esta iniciativa fue Patricia Delgado, productora de hortalizas y berries. Con una importante producción de frutillas en su parcela ubicada en el sector norponiente de Punta Arenas, apostó por el formato delivery. “Mis clientes me contactan por teléfono, hacemos la transacción bancaria y les dejó el producto en la puerta de su casa”, dice. Ella no los ve y sus clientes tampoco, pero desde el auto se cerciora que recojan el pedido.

Delgado cuenta que aplica al máximo todas las medidas sanitarias: “Yo a cada rato me lavo bien las manos y además uso guantes y mascarilla. Me protejo y además  les recomiendo a las personas que laven bien los frascos de las mermeladas”, precisa.

Teresa Colín, agricultora del sector Llau-Llau, en la zona periurbana de Punta Arenas, vendió toda su primera cosecha de lechugas y está a la espera de una segunda camada. También tiene acelgas, perejil y ciboulette. Por seguridad, recibe los pedidos por teléfono y entrega en su predio previa transferencia bancaria. “Esto ha sido una gran ayuda. Antes entregaba productos a los ambulantes, pero ahora lo he vendido todo acá en mi terreno. Económicamente ha sido mucho mejor”.

Para Rosa Cárdenas, que tiene su campo en la Villa Generosa de la capital regional y que el 5 de abril cumplió 70 años “bien encerradita”, la iniciativa fue excelente para darle salida a sus papas, rabanitos, repollos, zanahorias, tomates, betarragas, lechugas, frutillas, frambuesas y grosellas, ya que “acá la gente prefiere los productor regionales”. Agrega que “ha sido una locura la cantidad de gente que ha llegado en sus autos a comprar a la parcela, algo que nunca me había tocado vivir. Me he sentido como en mis mejores tiempos, trabajando la tierra con más cariño que nunca”.

María Montiel, agricultora de 76 años de Puerto Natales, sus hijos le prohibieron que saliera de su terreno apenas se desató la emergencia sanitaria, ya que la quieren ver sonriente y trabajadora por muchos años más. Ella comercializa parte de su producción a través de la Cooperativa Campos de Hielo, de la cual es socia, y además tiene un puesto en la ciudad, el que dejó botado para vender en su predio del Camino 1, Parcela 139. “No queda otra hasta que pase este maldito virus”, dice.

Comenta que gracias al Mercado Campesino Online y al apoyo de los funcionarios de INDAP, recibe por teléfono los pedidos de repollos, betarragas, tomates, pepinos acelgas y zanahorias, entre otras verduras, y luego las entrega en el cerco muy bien protegida. “Es mucho más fácil y seguro para todos, porque la idea es que nadie enferme y todos podamos salir vivos de esta situación”, afirma.

“Estamos preocupados por la situación mundial y creemos que es importante tomar resguardos: evitar salir de casa o hacerlo de la forma más segura. La alimentación sana también es clave en el cuidado de nuestra salud y organismos internacionales como la FAO recomiendan comer verduras y frutas”, dice Petar Bradasic, director de INDAP Magallanes.

 

Our Mission

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Ingenio en tiempos de crisis

Ingenio en tiempos de crisis

Agricultores de INDAP aplican protocolos sanitarios y entregan productos a domicilio.

Otros venden en predios de manera regulada, con horarios establecidos vía telefónica para no generar aglomeraciones. Ya cuentan con una página web para contactarlos

La pandemia del COVID 19 llegó y ante los efectos globales que dañan la salud y sacuden la economía, el ingenio local de los agricultores de Magallanes aflora con fuerza en los tiempos de crisis.

Una de las primeras fue Patricia Delgado, agricultora de Punta Arenas. Todavía tiene mucha producción de berries y no está dispuesta a perderla, tampoco a enfermarse.  “Mis clientes me contactan por teléfono, hacemos la transacción bancaria y les dejó el producto en la puerta de su casa”, explica.  Ella no los ve y sus clientes tampoco, pero desde el auto se asegura que recojan el pedido.

Delgado asegura que aplica al máximo todas las medidas sanitarias y recomienda que las personas laven bien el frasco de las mermeladas (deben hacerlo con todos los productos). “A cada rato me lavo las manos, utilizo guantes, mascarillas.  Me protejo y me aseguro de entregar un producto acorde a los tiempos”, precisa.

Otros agricultores reciben en sus predios a los clientes, pero siempre desde afuera del cerco. Ya tienen listos los pedidos que son solicitados vía telefónica. La idea es no generar aglomeraciones y atender de una persona a la vez.

Para apoyarlos INDAP generó una página web (https://spark.adobe.com/page/PyQPcqLwTI9Uu/) que permite conocer a los productores y generar un contacto directo entre el productor y el cliente. También se puede ver en Facebook (https://www.facebook.com/indapfindelmundo/) y los propios agricultores la están promocionando entre sus clientes.

“Estamos muy preocupados por la situación que vive el mundo y creemos que es importante el resguardo, evitar salir de casa y en los momentos imposibles de cumplir hacerlo de la forma más segura. La alimentación sana también es clave en el cuidado de nuestra salud y los organismos internacionales como la FAO recomiendan comer verduras y frutas”, aseguró Petar Bradasic.

En este sentido, indicó que Una dieta puede cambiar muchísimo dependiendo del lugar en el que vivas. Pero, sobre todo, puede cambiar radicalmente en función de la disponibilidad de los alimentos. Existen alternativas para una correcta nutrición y debiesen ser escogidas, ya que una alimentación sana es la base de una buena salud y es crucial para mantener las defensas. 

Alimentación sana

Existen alternativas para una correcta nutrición y debiesen ser escogidas, ya que una alimentación sana es la base de una buena salud y es crucial para mantener las defensas. 

Entra a la página web de los agricultores

Agricultores de INDAP aplican protocolos sanitarios y entregan productos a domicilio. Otros venden en predios de manera regulada, con horarios establecidos vía telefónica para no generar aglomeraciones. Ya cuentan con una página web para contactarlos.

ocho horas recogiendo la basura

ocho horas recogiendo la basura

El Día que nadie retiró la basura

Nota que nos recuerda el rol de los recolectores de basura

Llámalos recolectores, basureros o como decidas.  La mayoría son invisibles o no existen.  Pero cada día, puntual aparecen, y retiran lo más asqueroso de cada hogar.  En los últimos días de golpe el país entero reconoció su importancia y una pequeña grieta se rasgó como una bolsa plástica, dejando al descubierto la dura vida de los hombres que limpian los desperdicios de la ciudad.  Son historias que en Magallanes tienen un color más áspero, por la escarcha, el frío, la nieve, los bajos sueldos, y la poca deferencia de la “ciudadanía” a la hora preparar tachos y colgar cestos, dificultando así el trabajo de Rodrigo, Héctor, Luis, Daniel y tantos otros.  Este episodio lo vivimos durante ocho horas, cargando tarros, colgados del camión, sintiendo el desprecio de algunos y el reconocimiento de otros.  Lo invitamos a ser testigo de la noche en que retiramos la basura de su casa.

El día que no se retiraron los desperdicios en Punta Arenas, apareció otra ciudad: Más de 200 toneladas de basura quedaron bajo la custodia de perros, en su mayoría, abandonados.  Y bajo la bazofia, la incertidumbre hizo visibles a los recolectores y su rol.  Todos los extrañaron.  Entonces los dirigentes, haciendo un gesto noble aceptaron hacer un paréntesis al paro y salir a recolectar los asfixiantes desperdicios, a la espera de una respuesta favorable a sus demandas. 

El próximo lunes esperan tener una solución. 

19.20 horas.  Ignacio carrera Pinto casi esquina Armando Sanhueza.  La noche está fría, pero agradable. Desde la luz tenue de algunas ventanas se logra divisar a algunas familias saborear una espléndida once.  Para nosotros, la jornada comienza.

En un minuto tengo el buzo puesto y a los 43 años, me cuelgo del camión. “Tiene que agarrar la cuerda primero, después saltar al peldaño, si no se va a caer”, advierte Héctor.  Es la primera capacitación improvisada que recibo. 

No hay tiempo.  Hay que ganarles a los perros la esquina.  Pululan por todos lados, moviendo la cola. En el vertiginoso desfile, deambulan canes de distintos portes, pelajes, razas e infinidad de ladridos.  Hay más de 12 mil, según la última cifra oficial.

El vencimiento de muchas mascotas llega, en la mayoría de los casos, cuando alcanzan un tamaño inesperado, por cambio de casa, traslados, problemas económicos, el nacimiento de algún bebé o porque simplemente dejaron de gustar.  En el pasado fueron mimados, tenían nombres pomposos… hasta que un día, la mano amistosa que les acarició la cabeza los echó a la calle como productos a los que les expiró la fecha de consumo.

A los minutos ya agarro la primera mochila de basura y un líquido me escurre por dedos y manos.

-Puede ser cloro, algunas personas le ponen a las bolsas para espantar a los perros –insinúa uno de los compañeros de labor.

-Claro que parece que fuera para nosotros, porque nos cae siempre –explica otro, muy molesto mientras carga un tacho y lo sacude en la mandíbula de fierro del camión.

-¿No tiene guantes? –pregunta Héctor.  Usa un pasamontañas.  No le gustan las fotos, asegura que prefiere que no vean lo que hace.  Va a la cabina y al rato me pasa unos: “¡Póngaselos!”.

Los límites de la ruta de sur a norte son: Avenida Colón con calle Angamos; mientras que desde el Estrecho de Magallanes al cerro, comprende Avenida Costanera con Avenida España.  Casi el corazón del centro. Por ahí hay recovecos, pasajes, calles cerradas que pasamos, siempre colgando, afirmados de un fierro que cruza la parte trasera del vehículo o de sogas deshilachadas que soportan el peso del cuerpo. Al final la seguridad depende del instinto y la buena fortuna.  Estar atento. Cuidarse uno y cuidar al otro. Siempre alguien me adelanta la cuerda… Otro me ayuda con el tarro pesado.

Las dos primeras horas, los diálogos son lacónicos.

En el aprendizaje, los tarros cansan más que las bolsas, pero son más higiénicos, siempre y cuando la basura en el interior también esté en bolsas. 

El cloro de todos los días

Muchas personas colocan cloro en las bolsas y al recogerlas el líquido salta en la cara, manos, ropa.

 

COMPRIMIR LA BASURA

Muchas calles céntricas están cortadas, síntomas de una ciudad que se rehace lentamente después del aluvión que ocurrió hace más de un año.  Eso nos obliga a trasladar a pie varios metros la basura, la mayoría en bolsas débiles, de supermercado… dos, tres, cuatro, todo lo que las fuerzas permitan y arrojarlas al camión.

-“¡Prensa!” –grita Héctor, y agarra dos palancas, ubicadas al lado derecho.  El camión para y las fauces metálicas comienzan a comprimir botellas, cajas, plásticos, latas. La capacidad aguanta 19 metros cúbicos aproximadamente. 

Una vez lleno el camión, hay que ir al vertedero, hasta allá son 16 kilómetros hacia el sur y luego tomar un camino de tierra siete kilómetros contra el mar.  Luego regresar si la tarea quedó inconclusa. 

Los lunes y martes el caudal de basura aumenta considerablemente en el sector centro y los días festivos más aún.  Y ahí es fácil pasar de ocho a doce horas laborales, con idas y vueltas.

Daniel Choque no se queda atrás.  Sacó licencia para conducir camiones y hace poco de maquinaria pesada.  Está desde diciembre en su puesto de chofer y no tiene pelos en la lengua. Quizás su único temor es no hacer bien “la pega”, dice.  Tiene que lidiar con autos que intentan adelantar en estrechas calles, justo cuando el camión está prensando o los “muchachos” cargan la basura.

-Perdón, ¿Choque es su apellido? –pregunto.

-No te imaginas las de bromas que me hacen, incluso a veces piensan que yo les estoy  tomando el pelo –cuenta, mientras asiente con su cabeza.

“Acá es complicado, uno tiene que estar pendiente de los espejos, de los muchachos. Preocupado de cuando prensan, en las poblaciones los pasajes están llenos de autos mal estacionados, en calles angostas y hay que evitar pasar a llevar un espejo”, así resume su trabajo.  Cuando el lugar lo permite, también baja y carga bolsas.

“Hay choferes que se enojan, quieren adelantar…   Y es peligroso…  Por eso estoy de acuerdo con el paro, los sueldos son muy bajos para los cabros… Me saco el sombrero por ellos, y también por los viejos que llevan varios años, tienen más de sesenta años y andan a la par, saltando, corriendo, sin arrugar, esos sí que son duros”, indica.

Tiene la mirada pegada en el retrovisor.  Sabe que de su destreza en el volante depende la vida de sus colegas de labor, sobre todo cuando en invierno la escarcha o la nieve cubren las calles.

“Está bien el paro, los sueldos de los muchachos son muy malos… Contar lo que viven los cabros no es lo mismo que vivirlo, así que buena que haya venido, ojalá algunas autoridades lo hicieran”, desafía Choque, quien espera en el futuro trabajar con maquinaria pesada: “Mi aspiración es poder desarrollarme en lo que sé y ojalá en el futuro trabajar en alguna empresa grande”, confiesa sin pudor.

250 MIL PESOS BRUTO

Mientras avanzamos colgados del camión, Rodrigo, de 25 años, dice que él nunca ha tenido ningún tipo de accidentes, pero que lo típico son mordeduras de perro, cortes por botellas o caídas en la escarcha, en los tiempos de invierno: “Porque acá salimos todos los días, no hay pausa, siempre hay basura y alguien tiene que sacarla”.

Cubre su cabeza con un pañuelo.  No es primera vez en la empresa.  En este último período lleva siete meses.  Ha intentado buscar otro empleo, pero siempre vuelve a la basura.  Sus ojos están en su hija Antonella que debiera nacer la próxima semana, su hijo mayor tiene cinco años. 

“En el futuro, me veo en otro lado.  No veo porvenir acá por las monedas… Soy auxiliar, y gano 250 mil pesos bruto”, cuenta Rodrigo.

En el paso por el centro, los conductores tocan la bocina.  Otros gritan: “Fuerza, sigan adelante”.  Algunos aplauden.  Para los recolectores es un día más. No ven optimistas las negociaciones que se hacen en la capital, a más de 4 kilómetros de distancia.

-¿Y consiguieron que les aumentaran el sueldo? –pregunta una señora, mientras entrega su bolsa.

-No sé –dice Rodrigo-, toma la bolsa y la lanza a las fauces metálicas del camión. 

-¡Este país anda como las pelotas! –Refunfuña la señora-. Tienen que seguir no más, exijan sus derechos-.

No hay tiempo para dialogar, en la esquina de Magallanes con Ignacio Carrera Pinto hay varios tarros, cajas, comida saliendo de bolsas mal cerradas.  El olor es punzante, pegajoso, la otra cara del consumo en su expresión más surrealista.  Siento náuseas.  No aguantaría otro día. 

Héctor, Luis, Rodrigo, entre todos sacamos la basura, intentamos recoger lo que se esparce en la vereda, pero limpiar todo significaría estar al menos una hora en ese lugar y no hay tiempo.  Tampoco es parte del trabajo.

En otras calles encontramos colchones, persianas, bolsas con tierra y pasto que al levantarlas se rompen: “Nosotros no podemos ingresar a las casas y la gente deja las bolsas colgando al otro lado del cerco, claro, para ellos ponerlas es fácil, pero sacarlas desde la calle, cuando a veces te ponen el auto, es difícil y si algo se raja, al tiro salen y te retan… ¿Y qué puede hacer uno? Quedarse callado no más”, lamenta Héctor.  Tiene 24 años y un bebé de dos años que cuenta es la fuente de energía y fuerza para seguir todos los días agarrando los desperdicios de otras personas.

-Uno se acostumbra, los primeros días es más difícil. ¿Cuéntenos después si va a andar molido luego de acompañarnos? –pregunta y todos se ponen a reír-. Mi papá trabaja acá, ha estado en casi todas las empresas que han ganado la licitación del aseo.  Lleva más de 33 años en el rubro, él me trajo y yo me quiero aguantar acá, aprovechar los años de trabajo que llevo y ver qué hago en el futuro.

LA ESCARCHA A TODOS LOS BOTA

El día está impecable.  Lo más complicado es trabajar con escarcha.  No hay nadie que no pueda decir que no se ha caído.  La lluvia también aburre, el agua llega hasta las entrañas, confirman todos.

Pasando por calle Mejicana veo un rostro conocido.  Lo miro fijo.  Baja la cabeza.  Intento saludarlo. Mira hacia otro lado. Me esquiva.  Voy colgando del camión. En Sarmiento, una amiga que pasa tampoco me reconoce.  La piropeo.  Mira de reojo.  A otros les da un poco de vergüenza mirar a la cara cuando entregan la bolsa de basura.

“La gente no siempre valora lo que hacemos, creo que quizás no saben todo lo que significa.  Claro que hay personas buenas que nos regalan ropa y cosas, sobretodo en Navidad, Fiestas Patrias”, cuenta Luis, de 28 años.  Su pareja espera su primer hijo y lo único que desea es tener estabilidad y un buen sueldo para poder cumplirle.

Una vez en el centro, Luis llega con churros.  Nos ofrece a todos.  Doy las gracias pero paso, todavía los olores giran como lavadora por mi estómago.  La señora del puesto que está en Bories, casi llegando a Avenida Colón se los dio. 

Las horas volaron y pasado la una de la mañana, enfilamos hacia el vertedero.  Desde el centro son 16 kilómetros al sur y de ahí hacia el cerro siete kilómetros y medio, aproximadamente.  El camino es sinuoso, a ratos un temblor nos sacude (vamos en la cabina). 

“Como usted ve, vamos a ciegas.  Prenden sólo a veces las luces.  En ocasiones uno se queda empantanado, los camiones sufren mucho y  los arreglan tarde mal y nunca.  En la noche somos dos camiones. El otro día uno quedó enterrado, nosotros habíamos terminado, no sabíamos, si no lo hubiéramos ido a rescatar, porque acá hay mucho compañerismo.  Al final, uno bota a ciegas la basura, nos pasan una linterna y con eso nos arreglamos”, va contando Choque, sin pelos en la lengua.

La ciudad de Punta Arenas no tiene tratamiento para los desperdicios, todo va al mismo lugar.  Es como quien barre la basura de la casa, y cuando nadie lo ve, la esconde debajo de la cama, creyendo que así resuelve el problema.

Varios días después de acompañar a los trabajadores de un turno, durante ocho horas, por las frías calles de Punta Arenas, todavía late el olor punzante y afloran las imágenes de charcos nauseabundos chorreando generosos por las bolsas de plásticos. 

Aún persiste el olor pegado a la ropa, el barro en los zapatos.  Son huellas digitales imborrables después de cada jornada.  Rodrigo, Héctor, Luis, y Daniel son los protagonistas, junto a más de setenta personas que dignifican la ciudad de Punta Arenas, sacando la basura de la puerta de su casa.

 (Nota publicada el mes de julio del año 2013, cuando los recolectores de basura pararon el país. Hoy recordamos su esfuerzo y sacrificio. Lo más probable es que los protagonistas de la nota estén en otros empleos)

Ganaderos de INDAP quitan terreno a la pilosella en Tierra del Fuego

Ganaderos de INDAP quitan terreno a la pilosella en Tierra del Fuego

Gracias a fondo del Gobierno Regional

Incrementan

hectáreas cosechadas

Además aseguran forraje para los animales en la temporada invernal y mejoran las praderas degradadas por el sobrepastoreo

Manchas verdes intensas destacan entre las praderas amarillas de coirón que cubren la extensa estepa en Tierra del Fuego. Se trata de más de 500  hectáreas que a simple vista embellecen el paisaje, pero que en su implementación buscan un sentido más sustentable: mejorar las praderas y cosechar forraje para alimentar a los animales en invierno, una práctica que cada vez cobra más fuerza entre los ganaderos usuarios de INDAP.

“En inviernos malos ayudan mucho y gracias a estos campos tenemos alimentos para los animales”, explica Nataly Gallardo, 33, ganadera de la isla.  En su pradera, ubicada a cinco kilómetros al sur de la ciudad de Porvenir, avanza orgullosa augurando una buena cosecha gracias a las inusuales lluvias estivales de la temporada.

En total, la avena cubre seis hectáreas y es la primera etapa de un proyecto que tiene a largo plazo. “Mi idea es el próximo año tener siembra mixta, con pasto ovillo, trébol y festuca.  Ahora estamos mejorando las condiciones del suelo con la avena y quitando espacio a esa pilosella que vez ahí”, cuenta Gallardo, mientras apunta hacia las alfombras de maleza que cubren gran parte del predio.

Una historia que se repite en toda la isla y es que la pilosella se multiplica con facilidad en las praderas degradas por el sobrepastoreo. En promedio cada ovino necesita cerca de una hectárea para alimentarse, y en una población de casi de dos millones, no cuesta imaginar que el mayor daño queda en las praderas, considerando que el pastoreo extensivo lleva más de cien años de historia. 

Nataly Gallardo recorre y revisa la plantación de avena. Tiene seis hectáreas sembradas.

Fabián Levill, 35, hace tres años comenzó con una hectárea y ahora ya va en las cinco, todas sembradas con avena.  “Nos alcanza para forrajear a más de 400 ovejas, en los períodos de gestación o cuando el animal está más débil”, explica. 
Cada bolo que preparan llega a los 300 kilos.  “La avena mejora el suelo, no deja que la maleza entre y uno maneja con estudios de suelo el tipo de fertilización a ocupar.  La próxima temporada queremos empezar con praderas mixtas”, indica Levill.
Uno de los pioneros en la siembra de praderas es Mario Vera, tiene más de 26 hectáreas sembradas y hace pocos días cosechó once, con un total de 1200 fardos de 30 kilos cada uno, el resto lo dejó como de pastoreo libre para las ovejas.

La recuperación de suelos a través de fertilizantes y la siembra constante de especies forrajeras como la alfalfa, y praderas mixtas de pasto ovillo han permitido transformar zonas totalmente degradadas en tierras productivas, y al mismo también detener la “pillosella”, maleza dañina que afecta la producción de los predios. 
Mario Vera, confirma la teoría.  Es uno de los pioneros en transformar la estepa dura y pedregosa en verdaderas alfombras verdes, repletas de alfalfa, trébol, y pasto ovillo. 
La siembra se realiza entre los meses de septiembre y octubre y la cosecha, generalmente en el mes de febrero.  Ahí se preparan fardos que por lo general pesan 35 kilos y con uno de ellos se puede alimentar a dos ovejas diarias.

“Todo el proceso de arar la tierra, sembrarla y cosecharla lo hacen gracias al aporte de maquinarias que han obtenido a través de los fondos concursables de INDAP, sin ese aporte sería imposible”, explicó Fabián Salar, ejecutivo del Área de Porvenir de INDAP.
Aunque la mayoría de los predios se riegan de manera natural, con la lluvia, algunos pequeños ganaderos usuarios de INDAP han incorporado sistemas de riego tecnificado en la estepa abierta para hacer crecer alfalfa, trébol, avena y otros pastos necesarios. 
Cada suelo es específico y requiere de un estudio de fertilidad y estructura.  A partir de esos datos se decide qué arado usar y qué sector es el más conveniente para sembrar.

Fabián Levill, ganadero de Porvenir, muestra orgulloso su siembra. Este año, las lluvias favorecieron y se prepara para fines de febrero a realizar la cosecha. En tanto, en la foto 10 es posible apreciar el contraste entre terreno sembrado y pradera degradada.

Para recuperar las praderas degradas y hacerlas más productivas, INDAP cuenta con recursos disponibles para acceder a un plan integral de manejo de predios, con topes máximo de apoyo que este año llegan a los 7 millones 947 mil pesos, gracias al concurso del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios (SIRSD-S). 
El programa Praderas Suplementarias y recursos forrajeros (PPSRF), iniciativa que cofinancia los costos de insumos y servicios para el establecimiento de Praderas Suplementarias o recursos forrajeros de acuerdo a una tabla de costo que está bajo normativa de INDAP. 

“El control pasa por una serie de acciones integradas que cooperan en el desafío del control de la pilosella el SIRSD-S y PPSRF. En el primero está la fertilización, la siembra de praderas y el control químico de la especie mencionada, además el PPSRF cofinancia  el establecimiento de praderas suplementarias. Lo importante es precisar que a las labores mencionadas se es necesario sumar pastoreo responsable  y hacer un buen uso del recurso suelo”, aseguró Miriam Barría, Jefa regional del Programa del Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios de INDAP.

Por otro lado, Mirko Zec, director regional (s) INDAP, precisó que las medidas que ha tomado INDAP, aportando asesoría, crédito y financiamiento, ha mostrado frutos. “Hemos logrado aumentar la productividad y el ingreso bruto. El desafío es seguir avanzando, y entusiasmando a nuestros usuarios de la importancia de recuperar la capacidad productiva de praderas, detener su deterioro por manejos inadecuados, mejorar las estrategias de pastoreo, y establecer siembras que aporten de forma planificada la alimentación animal”, indicó.
A su vez, señaló que el Sistema de Incentivos para la Sustentabilidad Agroambiental de los Suelos Agropecuarios, SIRSD-S y el Programa de Praderas Suplementarias,  “han sido exitoso a nivel de la pequeña ganadería y agricultura en la zona, a lo que se suman los fondos del Gobierno Regional que han permitido avanzar de manera más rápida en el logro de los objetivos”, valoró Zec.
Finalmente indicó que la institución busca darle una mayor atención a la pequeña agricultura, en temas de nuevas tecnologías, uso del agua, y capacitación.

Día de la prensa: ¡Poco qué celebrar, mucho qué cambiar!

Día de la prensa: ¡Poco qué celebrar, mucho qué cambiar!

Cristián Morales C.

Cristián Morales C.

Pdte Colegio Periodistas de Magallanes

Un resumen breve de la prensa diría que nació crítica y libertaria y en el camino olvidó sus orígenes. Hoy, en su mayoría, responde a grupos económicos que están más preocupados de consolidar sus ganancias, preservar su status quo que de informar, investigar o educar ciudadanos críticos.

Escenario que no escapa a la realidad local que ha visto desaparecer a periodistas de la dirección de medios, reemplazados en su mayoría por profesionales que tienen habilidades comerciales.

Es la buena crianza del 13 de febrero la que llena las rotativas de saludos, algunos honestos, otros no tanto. Cortesía de costumbre que venera con anhelos y buenos deseos a la gente de la prensa “iluminada por Camilo Henríquez”.

Hoy, esas reverencias quedan carentes de empatía y espíritu. No cabe más farsa bajo la  alfombra de la “normalidad”. Y es que la precariedad en los medios deja un silencio que a todos nos tiene de cómplices. 

El diagnóstico está a la vista: despidos masivos, falta de credibilidad e independencia, inestabilidad laboral, crisis total en el financiamiento y una legislación que transforma el derecho a la comunicación en un negocio que en tiempos de crisis agudiza aún más la tragedia.

No obstante, la prensa continúa y avanza por las turbulencias cual nave de papel, disimulando su fragilidad y pobreza cultural.  Albur que no pasa necesariamente por la calidad de los profesionales sino que por un sistema que ajusta cuentas al revés, con los de siempre. Parece que es mejor el costo de consolidar un buen negocio que el de informar y crecer en credibilidad.

Y no extraña porque en Chile la libertad de expresión está apuntada en la Constitución, pero no está asegurada como un derecho. Tiene precio, color y dependencia. Así la cobertura de los cambios, en general, tiene un alto costo, aunque el más grande de todos es atentar contra el pluralismo y la diversidad.  

A esta altura ya naturalizamos la libertad de expresión al valor de quién paga y donde existe pocas o ninguna atribución jurídica que proteja a periodistas capaces de disentir, por ejemplo, de una nota. Esa cláusula de conciencia siempre presente en los países que lucen una democracia más sana, en Chile naufragó hace rato junto a la decencia.

Un resumen breve de la prensa diría que nació crítica y libertaria y en el camino olvidó sus orígenes. Hoy, en su mayoría, responde a grupos económicos que están más preocupados de consolidar sus ganancias, preservar su status quo que de informar, investigar o educar ciudadanos críticos.

Escenario que no escapa a la realidad local que ha visto desaparecer a periodistas de la dirección de medios, reemplazados en su mayoría por profesionales que tienen habilidades comerciales.

Y cada día respiramos el problema en un contexto de violación sistemática a los derechos humanos, agresiones en las coberturas a las protestas, despidos masivos de colegas. Inhalamos la incertidumbre y la desconfianza hacia autoridades inoperantes, en una larga lista de las “normalidades más anormales” de la historia de Chile.

Superar la crisis requiere de acciones de cambio.

En el último Congreso del Colegio de Periodistas realizado en Antofagasta se acordó aprobar una Nueva Constitución, con la esperanza de consagrar por primera vez el derecho a la comunicación como imperativo ético de la democracia. Un valor humano vital en una sociedad que busca eliminar la corrupción.

Una Constitución que debe ser debatida por el soberano en una asamblea constituyente, sin imposiciones de quórum y que recoja las miradas y voces de nuestra sociedad, reconociendo su heterogeneidad e incorporando aspectos que ha exigido el pueblo movilizado: paridad de género, incorporación de pueblos originarios y participación plena de ciudadanos y ciudadanas del movimiento social.

Ahora, si en esta fecha la costumbre insiste en recordar a la Aurora de Chile, y a su creador Camilo Henríquez, es bueno advertir también que el buen fraile promovió la selección de personas con ideas libertarias a la hora de elegir el primer Congreso Nacional.  

Doscientos ocho años después la consecuencia de Camilo cobra un nuevo sentido: reivindicar la comunicación como derecho humano inalienable en la vida del país. De seguro, el fraile instaría por una Nueva Constitución.

Al final, en tiempos de “normalidad” los saludos están demás.