¿Y cómo miramos?

¿Y cómo miramos?
Por la ventana el estrecho de Magallanes luce pálido, tanto o más que la política que aparece desdibujada en un baño de cloro a través de la televisión. Así el invierno y su pelaje blanco, a varios nos tiene con la nariz cortada y cierta porosidad en la garganta. Mientras el juego de los poderes nos revierte el sueño y algunos hablan por nosotros. Y es que miramos como nos enseñan a mirar y en ese acto un sector siempre queda invisible y una temática sobreviene secuestrada hasta desaparecer. Lo irónico es que no lo vemos porque a través de ella vemos, en esa producción institucionalizada que por ejemplo ensalzó a los araucanos durante la Guerra del Pacífico, con discursos que glorificaron la raza y la nobleza del pueblo mapuche, la gallardía de Lautaro, la sapiencia de Colo-Colo, y que más tarde, en la mal llamada “Pacificación de la Araucanía, los mismos guerreros pasaron a ser borrachos, flojos, incultos. Ahí hubo que achinar la mirada, por el precio de la tierra y la necesidad de terratenientes de aumentar su capital. Es bueno echar en cara que nuestros próceres son las víctimas más antiguas: Bernardo O’Higgins murió triste y abandonado en el Perú, sacrificado por una clase terrateniente que no aceptó la abolición de sus títulos nobiliarios. José Miguel Carrera, el primer Presidente del país fue fusilado, sacrificado por la jauría de miradas de entonces; Manuel Rodríguez, fusilado también, el 26 de mayo de de 1818 en Til Til; el hecho aún enluta nuestra breve historia nacional. Décadas más tarde, Gabriela Mistral reconoce en sus escritos y cartas las pocas ganas de enfrentar a las cuadrillas de miradas mal intencionadas que aparecían cada vez que regresaba de sus viajes a suelo natal. Si no le dan el premio Nóbel de Literatura primero, de seguro nunca recibe el nacional. Los indígenas zapatistas en México trastocaron los regímenes de invisibilidad que ordenaban la representación y percepción del mundo indígena y es esta condición la que vuelve amenazante los mundos de la “visibilidad”. Mirar de otro modo, ser mirado de otro modo, implica movilizar las bases mismas en las que reposa un orden asimétrico, excluyente y estigmatizador. ¿Cómo nos miramos, qué miramos? “Cuanto más nos elevemos, más pequeños pareceremos a los que no saben volar”. La frase le pertenece a Nietzsche, filósofo alemán, y calza perfectamente con el Chile de siempre. Ese que reniega a los soñadores y tapa con prepotencia la creación. Me pregunto cuántas Violeta Parra, Neruda, Jara… quedaron en el camino por esa escuela que enseñó a obedecer y no a resolver. Que castigó al que tenía una mirada diferente. Que cerró una discusión con un simple “porque sí”, el gran argumento de la ignorancia.

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