¡Qué digno es morir de amor!

Por Cristián Morales C.
¡Qué digno es morir de amor!
En Lima, en el barrio Miraflores, mirando al Pacífico, luce radiante el Parque del Amor, uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, en donde recién casados hacen un alto para tomarse fotografías al lado de una gigante escultura de una pareja entregándose a un ósculo infinito y apasionado. La obra, “El Beso” de Víctor Delfín, está rodeada de bloques con poemas de autores iberoamericanos.
¿No sé cuántas plazas rinden homenaje a la semilla más frondosa de nuestra existencia?
En Magallanes, ninguna.
Aunque en muchas, el amor se vive a escondidas, en el refugio de la oscuridad. En esa contemplación, pienso: ¡Qué digno es morir de amor! En esa guerra de a dos, acribillado por una mirada certera, uno queda tendido en la esperanza, el rictus dibuja una sonrisa que casi muerde las orejas y los pasados sin alas navegan torcidos por las visiones que deambulan como insomnios olvidados.
Carl Sagan, el astrónomo que hizo de la ciencia un manantial de curiosidad en la televisión, decía que somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros.
Y a ese almacén de memoria lo llamó biblioteca. Y continuaba señalando que nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas.
Quizás la única memoria sea el amor.
Por eso no es lo mismo estar con sueño que tener sueños. En el amor siempre se da lo segundo, siempre es más noble; porque lo primero es un condescendiente relato que uno mismo hace de la propia y cotidiana tragedia de los párpados de acero, esos que estrangulan los intersticios de claridad: Son ojos en penumbra aliñados con rastreros bostezos.
¡Qué digno es morir de amor!
Cuando la sonrisa de la amada despierta los colores de las tristezas. Ya que definitivamente: Más allá de las palabras están las caricias. Y lo digo aunque las penas galopan en las noches frías y los recuerdos yazcan tendidos en las sombras verdes del espanto. Es que nunca nos bajamos del árbol; sino que bajamos el árbol: todos. Y los sueños talados son cenizos, en un vuelo de fogatas que reaviva el viento. A esta hora no hay aterrizajes forzosos.
Detesto los cruces armados de silencio, en cambio adoro los pactos de la boca.
¡Qué digno es morir de amor!

Crónica Austral es el medio oficial del Colegio de Periodista de Magallanes. A su vez, un espacio para narrar y contar las historias de la Patagonia, a través de la investigación periodística y la recuperación del relato como instrumento de seducción en el fomento de la lectura. Todos los textos pueden ser utilizados siempre que se cite la fuente. Escríbenos a: cronicaaustral@gmail.com