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Por Cristián Morales

Mester de Clerecia

Las quemaduras apresuraron la muerte de Eduardo Anguita. A los 78 años eligió estar solo, cayó a una estufa y dos días de violenta laceración terminaron con uno de los poetas más metafísicos y poderosos de la literatura chilena. Ya han pasado casi 24 años del trágico accidente y hoy en la muerte renace en una nueva juventud. Musicalizado hace un tiempo por el trovador urbano Eduardo Peralta, el vate despierta las ojeras de la curiosidad a las generaciones presentes. En este espacio invitamos a leer a Eduardo Anguita y sumergirse en su libro: La Belleza de Pensar y dejarse atrapar en “Venus en el Pudridero”.

A continuación un regalo, el soneto que escribió en castellano antiguo en memoria a Vicente Huidobro: “Mester de Clerecia”.anguita
“A muerto de los aires un fino emperador./ Escuridad est tanta que non a alrededor./ Los sones han callado ca murió el roseñor/ que era entre todas aves el pájaro meior./ Alvar Yáñez e Hübner e Vargas el pinctor,/ Arenas e Rodríguez e io, que soi menor,/ Ioan Gris, Gerardo Diego e Lipschütz esculptor,/ Ioan Larrea, que dobla eúscaro tambor./ Hi vienen su Cagliostro e su Cid Campeador,/ la golonfina aúlla con tristura e pavor,/ e ploran muchos ommes por pena e por error./ A todos los consuela el ángel Altazor./ Dispónense a enterralle en fossa de pastor,/ mas su cuerpo non hallan en nengún rededor;/ ansí facen un hueco con su forma e grosor/ e fincan en sepulcro esse hueco de amor./ Vincente de Huidobro, mi hermano e mi señor,/ non fagas la faz mustia por plazer mi dolor,/ nin compartas lazerio con el nuestro clamor,/ si en grant gozo de música te metió el Salvador./ La alondra, la calandria e el chico roseñor/ en concierto de voces entonan su loor./ Unos a otros traspásanse commo fructa e olor/ e nenguno se rompe nin fiere su pudor./ Non luce en todo el prado faisán de más color,/ ni ángel de más frecuenzia, ni aire de más rigor./ Cada silbo amoroso vuela de alcor a alcor/ llevado por la brisa del estío cantor./ Él le dize cantigas a la Virgo de amor,/ sentada en una rosa como dixo Altazor;/ la nieve florecida al lado del calor/ se amamantan en Ella sin miedo nin rencor./ Mi Señor Jesuchristo, mi Padre e Redemptor, io ruego que me invites al concierto maior,/ fagas en la mi carne plagas de grant dolor/ ca non est instrument sin roturas de amor”. (Sic)