Los goles a la democracia

Por Cristián Morales C.
golazoLos goles a la democracia
Miguel Ángel ya está casi entero calvo, así y todo se las ingenia para sacar de alguna parte unos cabellos largos, canosos, que le cuelgan de la nuca. Ayer, en un encuentro de amigos, le hizo honor a su aspecto reflexivo y dijo de manera lúcida lo evidente: “La política rompe el sentido común”. Y luego aterrizó aún más la teoría: “Es que en un partido de fútbol el equipo que más goles hace, gana. Eso es indesmentible y no puede ser de otra manera, mientras que en las elecciones siempre pueden triunfar los que tienen menos votos, matando así la democracia y la lógica del sentido común”. Toda la razón. Cuando en el fútbol ganen los que no meten la pelota al arco, entonces se acabó el espectáculo y los estadios quedarán completamente vacíos. Interesa que la gente vaya, asista. Incluso ese modelo financia la fiesta y hace que en una cancha pueda triunfar cualquier pequeño de barrio, el único requisito que piden todos los equipos del mundo: talento con la pelota. En cambio, en la política, a fuerza de no hacer goles algunos quieren por “arte de magia” una alta participación y luego se molestan y critican a los ciudadanos por no ejercer su derecho. La histórica abstención los tiene a algunos sorprendidos; otros, gritan que vuelva el voto obligatorio… y así el caudal de la elite sigue construyendo opinión pública en los medios y ésta corre chata y estrecha validando a los de siempre. Y a los de siempre les interesa mantener un estatus quo donde triunfen electoralmente los que obtengan menos apoyo. En esa lógica hay candidatos que naturalmente parten derrotados, porque ganar significa cien goles para equiparar uno del rival, al concepto pomposamente le llamaron Sistema Binominal, democracia de arreglines. La desigualdad es horrorosa en el actual sistema político. Y en el período electoral se intensifica. A diferencia del talento y las gambetas del futbolista, en las elecciones postula como candidato, generalmente, el que tiene mayor vínculo o pituto con los monarcas del centro del país, con los cabecillas de los partidos políticos. En ese sentido, las barras de fútbol hoy tienen más expresión que los militantes o simpatizantes de partidos. ¡Qué decir del vecino común y corriente!, ese que ve con desidia y distancia la política, el arte de gobernar, la interacción social que debiera desarrollar más democracia. De ahí que quizás para muchos fue tan lindo el triunfo de Josefa Errázuriz en la comuna de Providencia que ganó con el apoyo de los vecinos, vecinos organizados, vecinos haciendo política con la pasión del fútbol. Vecinos que retornaron al origen de la democracia y se escucharon a sí mismos, actuaron y triunfaron con mística. En Punta Arenas, los elegidos tienen el desafío de abrir la participación al 60% de la población que no cree en ellos. Porque hoy la galería está vacía y quiere participar, al menos, gritando gol.

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