Exportemos iras

Por Cristián Morales Contreras
Periodista, director Crónica Austral

Somos uno de los países del mundo que más rabias produce, si pudiéramos exportarlas seríamos ricos. Sería un negocio rentable y renovable, con insumos gratis. Todos cooperan. Cada habitante es una sucursal, una pequeña empresa que se gestiona a sí misma gracias a los malos ratos de cada día: irritación por eternas colas; el aumento sospechoso de los consumos básicos; la furia del parte mal sacado; el ya famoso: “se cayó el sistema”…
O esas rabias que crecen bajo el alero de las instituciones “de bien”. El Congreso siempre nos sorprende con la tradicional y contundente aprobación del sueldo mínimo o nuevas boletas para sumar crudos a su “baja dieta”.
¡Somos rabia pura!
Y en este instante más de alguien hace una denuncia en el Sernac, una oficina que bien podría medir la concentración de ira acumulada. Las divisas serían cuantiosas, alcanzando uno de los PIB más alto del mundo. Y eso, de seguro, nos daría más rabia, porque se multiplica y contagia: uno la tiene, otro la recibe.
También generamos profundas, imborrables, caras: la burla a la pobreza, el engaño de la amante, el estafador, el político que triunfa con la demagogia.
¡Qué decir de funcionarios públicos de pitutos políticos! Ni con la suma de todos los silencios podríamos acallar la rabia que produce la ineptitud.
Y sigue el atropello a los derechos humanos, en contra de quienes visten la riqueza de la diversidad: mapuches, homosexuales, lesbianas, discapacitados. Porque la rabia también nace en un mundo de cotidianas ignorancias.
A esta altura dan sentido las palabras del arzobispo Desmond Tutu, cuando dijo: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia, nosotros la tierra. Y nos dijeron: ‘cierre los ojos y recen’. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra, y nosotros la Biblia”. Da una rabia histórica, ¿no?
En fin, nos mordemos en la mirada, en la palabra, en el bocinazo atropellador al inicio y final de cada día. Así está la vida, guiada por la estrella del absurdo, iluminando desde abajo hacia arriba en color noche. Y la soledad hace fiestas y los brutos la llevan en todos los poderes.
Estoy seguro que las rabias suben al cielo. Quedan unas al lado de las otras hasta tapar el sol. Y ahí: ¡pucha que da rabia el frío! Pero si las exportáramos, los que ganan sueldos reguleques, tal vez se decidirían a presentar un proyecto decente que suba el miserable sueldo mínimo, no cabe duda que habrían menos pobres y la encuesta Casen tendría un sentido menos irritable. Pero claro, eso daría rabia a otros.

editorial 1

Estoy seguro que las rabias suben al cielo. Quedan unas al lado de las otras hasta tapar el sol. Y ahí: ¡pucha que da rabia el frío!

Un espacio para narrar y contar las historias de la Patagonia, a través de la investigación periodística y la recuperación del relato como instrumento de seducción en el fomento de la lectura. Todos los textos pueden ser utilizados siempre que se cite la fuente. Escríbenos a: cronicaaustral@gmail.com