Programa Didymo Magallanes-Fondema 2014, ejecutado por el Centro Regional Fundación Cequa, culmina este año y no hay fondos asignados para darle continuación al trabajo de monitoreo y difusión de esta plaga hidrobiológica.

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El Didymo se encuentra de manera continua distribuido en diversos cuerpos de agua desde la Región del Bío Bío hasta la Región de Magallanes. La plaga apareció por primera vez en las regiones de Los Lagos y de Aysén y después lo hizo en Los Ríos, en La Araucanía y de ahí en Magallanes

“El Didymo llegó para quedarse” afirma el investigador del Centro Regional Fundación Cequa Máximo Frangópulos al referirse a una plaga hidrobiológica que hace pocos años fue detectada en la zona, pero que ha generado una intensa campaña de monitoreo, prevención y difusión para evitar su propagación en Magallanes.
“La difusión es tanto o más importante que el monitoreo”, señala Frangópulos sobre el trabajo que está realizándose a través del Programa Didymo Magallanes-Fondema 2014 titulado “Transferencia técnica para generar medidas de prevención y evitar el ingreso de la plaga Didymo (Didymosphenia geminata) en la región”, que fue gestionado por la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura, que funciona como unidad técnica del mismo y que cuenta con financiamiento regional, a través del Fondo de Desarrollo de Magallanes (Fondema).
El Didymo es una plaga que afecta principalmente ríos y lagos y que genera una serie de complicaciones de tipo estético, económico, social, ecológico y turístico. Se trata de una microalga bentónica que encuentra un sustrato en el cual asentarse y a partir de ahí empieza a crecer si encuentra condiciones óptimas y puede llegar a formar masas de gran extensión.
El científico explica que el fenómeno está en expansión porque durante la ejecución del Programa ha sido detectado en un nuevo río en Tierra del Fuego y llegó a Ultima Esperanza. “Al menos su propagación ha sido lenta en el continente y hasta ahora no hay Didymo en la provincia de Magallanes, a pesar de que hay un flujo importante de público que se dedica a la pesca deportiva y que, de alguna manera, puede incidir en su avance a otras áreas”, comenta el doctor en Biología y director científico del Centro Regional Fundación Cequa.
Independiente de ello, persisten los monitoreos en distintos sectores de la región, porque ésta es la única herramienta que permite saber si el Didymo se está expandiendo en la región o no.
“La gente en Magallanes ha entendido de que debe cambiar el uso y la forma de ver al Didymo y que lamentablemente éste llegó para quedarse. Se trata de un fenómeno similar a la marea roja y por ello hay que aprender a convivir con esta plaga, sobre todo cuando se va a pescar en ríos y lagos de la región. El principal foco que hay que atender es el pescador ocasional, porque hay que generar conciencia sobre la prevención. También hay que educar a los niños que son los que se encargan de difundir el mensaje del cuidado de los ríos en la región”, explica el director del programa.

En Tierra del Fuego
La presencia del Didymo en la Región de Magallanes se confirmó en marzo del año 2013, en el río Grande, en Tierra del Fuego. Después ocurrió lo mismo en el río Blanco, que es el desagüe del lago Blanco. Hacia el año 2015 se detectó Didymo en la parte navegable del río Serrano, en Ultima Esperanza. Meses después hubo otra confirmación en el río de las Turbas, en Tierra del Fuego, que es el desagüe del lago Deseado y que está en el límite con Argentina. Ya en febrero de este año apareció en el lago Blanco, también en la provincia fueguina.
Durante el segundo semestre de este año debería culminar el Programa y cuando acabe este trabajo científico, la región va a quedar sin recursos para una planificación que abarque aspectos tan relevantes como monitoreo y difusión.
“Ahora están comenzando a ejecutarse los muestreos correspondientes a los meses de otoño e invierno. Estos partirían en Tierra del Fuego, continuarían en Magallanes y culminarían en Ultima Esperanza. Una vez terminado el trabajo en terreno comienza el trabajo de análisis de la información de campo. Hay que terminar con actividades de capacitación en las provincias y de difusión a instituciones público-privadas y a establecimientos educacionales”, aclara Frangópulos, quien reconoce su preocupación porque hasta ahora no hay señales de que el programa tenga una continuación.

Fondos regionales
Previa al inicio del Programa Didymo Magallanes-Fondema 2014, entre los años 2010 y 2012- se financiaron en la región dos proyectos destinados establecer una línea base acerca de las características físicas, químicas y biológicas de los ecosistemas de aguas continentales en la región. Hacia el año 2012 no había presencia del Didymo en Magallanes, pero durante el desarrollo de los monitoreos de rutina -específicamente en marzo de 2013- la plaga fue pesquisada en Tierra del Fuego, específicamente en el río Grande. Dos semanas después apareció en el río Blanco y ahí comenzaron a aplicarse medidas preventivas como la declaración de un área de plaga, además de una barrera de bioseguridad y se terminó la temporada de pesca de manera anticipada. Después de un tiempo, la Subsecretaría de Pesca licitó fondos del Fondema y actuó como unidad técnica del programa Didymo de Magallanes que se está ejecutando.
“Con esto queremos recalcar que, a pesar de que los dineros vienen del nivel central, éstos son cancelados por el Fondema. Esto significa que desde que se investiga el Didymo en Magallanes el financiamiento de estos esfuerzos siempre ha sido a través de fondos obtenidos desde la propia región. Eso es importante, porque el resto del país ha recibido financiamiento desde el nivel central, pero eso no ha ocurrido aquí”, advierte.
El Didymo se encuentra de manera continua distribuido en diversos cuerpos de agua desde la Región del Bío Bío hasta la Región de Magallanes. La plaga apareció por primera vez en las regiones de Los Lagos y de Aysén y después lo hizo en Los Ríos, en La Araucanía y de ahí en Magallanes. Hay alrededor de 30 ríos afectados por el Didymo en todo el país.

Hemisferio Norte
Hasta antes del año 2010 en el país no había presencia del Didymo. Se trata de una microalgaendémica del Hemisferio Norte que fue identificado por primera vez en las islas Faroe, en el siglo XIX. Se puede encontrar en Canadá, Estados Unidos, en Finlandia y Suecia, pero recién hace 30 años comenzó a presentar crecimientos llamativos en Canadá y a partir de ahí comenzó a verse en distintos países y llegó al Hemisferio Sur hacia en año 2004, específicamente en Nueva Zelanda. La nación oceánica comenzó a aplicar un plan de bioseguridad que es el que más resultados ha tenido en evitar la propagación de esta plaga.
Máximo Frangópulos refuerza que “hay conciencia de que el ser humano y las distintas actividades que éste realiza en ambientes acuáticos pueden ser los potenciales vectores de propagación del Didymo hacia otros cuerpos de agua. Por eso la importancia de inculcar y mantener las medidas de bioseguridad de remover, lavar y secar todo el material que tenga contacto con los ríos y lagos y de esta forma evitaremos la expansión de esta microalga invasora”.

 

FUENTE: Comunicado de prensa de la Fundación Cequa