Con agua lluvia, calefacción y música, agricultora cultiva sandías de 5 kilos en Tierra del Fuego

Magdalena Águila nació en Maullín y a los 18 años llegó a la región de Magallanes. 

Producción pasó de ser una curiosidad a una tendencia
Con agua lluvia, calefacción y música, agricultora cultiva sandías de 5 kilos en Tierra del Fuego
Innovación, esfuerzo y capacitación permanente marcan el ritmo de la agricultura de la isla más extensa de Chile

En la ExpoMundoRural realizada por INDAP el año pasado en Punta Arenas fueron la novedad y hoy se están convirtiendo en una tendencia. Se trata de las sandías, que cada vez son cosechadas por más agricultores de Tierra del Fuego que quieren demostrar que para el campesinado de la Patagonia nada es imposible.
Magdalena Águila (69) es una de estas productoras. Lleva recién un año y medio dedicada a la agricultura y en su pequeño invernadero, que no supera los 10 metros de largo por 7 de ancho, luce orgullosa una treintena de sandías que pesan más de 5 kilos.
Entre lechugas y cilantros, las plantas de este fruto originario de África son las reinas de la fiesta. “Tienen música todos los días, así que amanecen bailando. Ellas son las preciosas y yo la Bolocco”, bromea Magdalena con una sonrisa que casi muerde sus orejas.
Cuenta que la receta para el éxito de su empresa ha sido regar las plantas sólo con agua lluvia, ponerles música ranchera y darles calor con una vieja lavadora que habilitó como estufa a leña. “A las 6 de la mañana enciendo el fuego y altiro empiezo el baile. Además, todos los días les rezo, porque quiero que la fuerza que tienen para crecer me la transmitan a mí también”, comenta.
La historia comenzó con las semillas de una sandía que Magdalena disfrutó en familia después de un almuerzo. Las guardó varios meses, luego las puso en maceteros y finalmente las trasplantó a la tierra del invernadero. “No es fácil acá en la isla, con el viento y el frío se hace todo más difícil, pero si uno le pone esfuerzo y dedicación siempre es posible salir adelante”, explica.
La tierra para la siembra la preparó con el aserrín que le trajo su marido de la Forestal Russfin, ubicada al sur de la isla. También uso un “menjunje” con café colombiano, agua de lenteja y cochayuyo para mejorar el suelo. “Yo participo en todas las capacitaciones de INDAP, y aplico todo lo que me enseñan y siempre me resulta. Tocar la tierra y trabajarla me cambió la vida. Estuve muy enferma y hoy vuelvo a renacer”, explica.
En su predio también tiene gallinas y espera este año construir un invernadero más grande. “INDAP es fundamental acá en la isla. Sin su apoyo no podríamos hacer agricultura. Una se inicia con la producción de pequeñas cosas y pronto va creciendo. En el futuro quiero que me conozcan por el sabor de las sandías de Tierra del Fuego”, afirma.
Para el director regional de INDAP, Víctor Vargas, “si bien, aún existe una fuerte importación hortofrutícola y estamos lejos de satisfacer la demanda local, también es cierto que hoy los pequeños agricultores, con apoyo de INDAP han logrado avanzar, diversificar la producción y desarrollar sabores inocuos, sanos que distinguen a la Patagonia y sus productos”, explicó.
Otra productora es Margot Ruiz, quien el año pasado, se atrevió con sandías y melones. La sorpresa fue total, porque generaciones completas crecieron sin probar nunca una sandía, menos un melón cosechado en suelo de Magallanes.
Por primera vez, tales productos estuvieron presentes el año pasado, en la ExpoMundoRural realizada en la ciudad de Punta Arenas. Fue tal el furor que los pequeños frutos los vendió a 3 mil pesos y la última -de las seis que logró cosechar- fue rematada a 8 mil pesos.
En los noventa popular era la frase: “trae fruta del norte” a todos quienes viajaban, casi un sello que distinguía a la región austral, pero que en el fondo reflejaba las precarias condiciones de la agricultura y la poca oferta de productos de buena calidad que llegaban a la zona. En la actualidad se produce acelga, ají verde, betarraga, broccoli, ciboulette, rabanitos, tomate, zapallo italiano, pimiento, escarola y sandía… así como tantos otros nombres impensados en el pasado.
“Quizás no está lejano el día que nos digan en cada viaje al norte: hey, no olvides traer sandías de Magallanes”, dijo Vargas.

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