El valor de monitorear la evolución de la vida en Chile

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El valor de monitorear la evolución de la vida en Chile

Por Paula Viano Santana, Periodista
Red Chilena de Estudios Socio-Ecológicos de Largo Plazo: El valor de monitorear la evolución de la vida en Chile


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Nuestro país tiene tres estaciones de registro constante de datos sobre clima, flora y fauna en Coquimbo, Chiloé y Navarino, las cuales acumulan 15 años de información relevante para comprender el cambio global.

Esta red integra una alianza internacional que reúne a 60 naciones, y espera poder aumentar la cobertura territorial; extender el financiamiento, e incorporar las ciencias sociales en la investigación ecológica, en un país más bien cortoplacista.

Una cosa es investigar, y otra mejor, no dejar de hacerlo. Así como una golondrina no hace verano, un estudio aislado, aunque muy ilustrativo del momento y puerta de entrada a otros datos, no otorga la comprensión del fenómeno que observa a más largo plazo, y su aporte, por tanto, se restringe al momento de la fotografía.

Es por eso que el Instituto de Ecología y Biodiversidad – nacido al alero de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile – se enorgullece de haber reunido las investigaciones que científicos de diferentes universidades llevaban a cabo de norte a sur del país, para conformar la Red Chilena de Estudios Socio-Ecológicos a Largo Plazo. Aunque de “socio” todavía tenga poco, y los sitios que abarque, en un largo país como Chile, sean apenas tres.
Primer desafío: cobertura
Cristián Frêne Conget es un Ingeniero Forestal que estudió en la Universidad de Chile, y luego se fue a la Universidad Austral a hacer una Maestría en Recursos Hídricos. Hoy es candidato a Doctor de la Universidad Católica en Ciencias Biológicas mención Ecología, y desde 2014 coordina esta red. Una red que tiene 15 años de registro continuo de variables climáticas como precipitaciones, viento, temperatura, humedad relativa, radiación solar y otras variables físicas clave para entender los sistemas ecológicos (ver Cuadro 1).
“Claramente, tres sitios de investigación en un país como Chile se queda, absolutamente, corto, porque tú necesitas tener una mayor representatividad de los ecosistemas que existen”, asegura Frêne. Hay una estación en el Parque Nacional Fray Jorge región de Coquimbo, donde se estudia, principalmente, cómo varían distintos componentes de las comunidades biológicas en función del tiempo y de las variables climáticas (dinámica de poblaciones). Está la estación biológica Senda Darwin en Chiloé, que monitorea, sobre todo, los efectos producidos por este cambio global en la vegetación. Y, por último, el Parque Etnobotánico Omora en isla Navarino, donde se hace censo mensual de aves e insectos. Todos estos centros se sostienen con apoyo de otras instituciones (ver Figura 1).
“Hoy día nosotros no cubrimos más allá del, probablemente, el 10 o el 15% de los ecosistemas, por lo tanto, claramente, ésta es una red que, desde su nacimiento, se plantea la necesidad de abarcar otros sitios”, dice el coordinador. Luego asegura que están hablando con distintas universidades y fundaciones privadas, eventualmente, interesadas en incorporarse a una fundación en ciernes, con el fin de revertir esta situación.

investgacion invertebrados dulceacuicolas omoraSegundo desafío: integrar el factor humano
“Hemos llegado a llenar un vacío de información en esta parte del planeta” en diversas disciplinas, afirma Frêne (ver Figura 2). En Fray Jorge, por ejemplo, 10 años de monitoreo permitieron identificar que el crecimiento de la población de roedores y su consiguiente atracción de depredadores, se debió al aumento de la flora que les sirve de alimento, tras un año mucho más lluvioso. La red también ha proyectado futuras realidades a través de los experimentos, como el ejercicio que se hizo en la estación biológica senda Darwin, donde se logró reducir en un 30% la entrada de agua por precipitaciones a una porción delimitada de bosque, para saber cómo reaccionará ese ecosistema si se cumplen todos los modelos predictivos que afirman que, en la zona templada de Chile, las lluvias de verano van a disminuir en esa medida, producto del acelerado cambio climático. Además, la red apoyó la postulación ante UNESCO para que declarara reserva mundial de biosfera la zona ubicada al sur del canal Beagle, comprobando que Magallanes tiene la mayor biodiversidad de musgos y líquenes del planeta.
“Esa información, hoy día, la verdad, para ser bien sincero, no ha podido tener un gran impacto a nivel nacional”, lamenta el coordinador, aunque esperan que, a futuro, sirva para ayudar a los tomadores de decisiones con respecto a las políticas públicas. Por eso valora lo que sucedió en Chiloé, donde en septiembre de 2015 se formó un observatorio de cuencas liderado por la Gobernación Provincial, gracias a la detección de las causas de la falta de agua en verano que hizo la estación Darwin, además de la información entregada por otros actores sociales.
“Las preguntas que mueven a la red tienen que ver con cómo los seres humanos están modificando los ecosistemas, y cómo esto en el fondo repercute en el bienestar humano”. Por eso está seguro de que “si no consideramos las variables sociales, difícilmente, vamos a poder entender el cuadro completo”, pues las interacciones son las que generan los problemas de hoy. Por eso afirma que los equipos de investigadores deben “incorporar otras disciplinas, como la antropología, la sociología, el periodismo, entre otras, que nos permitan entender mejor las conductas humanas, pero también cómo las instituciones funcionan (…) porque somos, finalmente, los seres humanos los que estamos generando los problemas”.
¿Y por qué no se ha hecho? Frêne no duda en “hablar, directamente, de un desprecio desde las ciencias naturales hacia las ciencias sociales o más humanistas, que tiene que ver, básicamente, con la aplicación de un método que, probablemente, no es compartido por las distintas disciplinas”. No obstante, cree que eso debería cambiar a la velocidad de los cambios culturales, pero con la seguridad de quien ya identificó el siguiente paso.
Por último… el financiamiento
Es difícil sostener una investigación si los recursos son de corto plazo. No coinciden los tempos, lo que obliga a los científicos a estar inventando o readecuando proyectos cada 3 o 5 años para optar a fondos públicos, si quieren lograr algo de continuidad. “Ése es un sinsentido”, dice el especialista hídrico, por lo que cree que el Estado debería dar un apoyo decidido con financiamiento basal, ya sea a través de CONICYT o del prometido Ministerio de Ciencia y Tecnología. EBSD clase aire libre
Eso también permitirá a Chile estar mejor posicionado en la Red Internacional de Estudios Ecológicos de Largo Plazo (ILTER), que integra desde 2012. Gracias a ello se puede acceder a información biológica y climática de otros 60 países, y entender de mejor manera el cambio global. El aporte que ha hecho la red chilena, dice su coordinador, ha sido “llenar un vacío de información que existía en el hemisferio sur”, permitiendo el inicio de una serie de colaboraciones que potencian las investigaciones a diferentes escalas. Es el rol que debe cumplir un país considerado laboratorio natural del planeta, con territorio antártico incluido y pretensiones de desarrollo integral.

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Written by: Crónica Austral

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