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Si continúa huelga: Intendente de Magallanes amenaza con ocupación armada en Isla Riesco

Si continúa huelga:

Intendente de Magallanes amenaza con ocupación armada en Isla Riesco


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  • Testimonios de pobladores de la época, notas de prensa, libros y fotos antiguas permiten configurar el relato de uno de los poblados carboníferos más emblemáticos de la zona austral. En este extracto, rescatado por el periodista magallánico Cristián Morales, en el libro “La Historia Olvidada”, recordamos una de las tantas huelgas que vivieron los rudos hombres del carbón.

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El viernes 11 de junio de 1943, los mineros de Elena cumplen cuatro días de huelga pacífica.
Un tono plateado salpica el azul de las inquietas aguas del mar de Skyring y pequeñas olas golpean en la eslora del cazatorpedero Condell, apostado en la inmediación del muelle de Mina Elena, con sus tres chimeneas lanzando suaves bocanadas de vapor. La orden del Intendente de Magallanes, Guillermo Arroyo, es perentoria: “Desalojar a los mineros si no retornan a sus labores. La medida extrema debe ser cumplida con la mayor discreción”.
Un viernes silencioso que agudiza la imaginación del Comandante del Cazatorpedero Almirante Condell, Capitán de Fragata Rogelio Huidobro Santander. Y desde la cubierta de la imponente nave anclada en el mar de Skyring, no cuesta imaginar el cotidiano sonido de las picotas afiladas socavando el fondo de la mina; sorprenderse con los envigadores, arquitectos naturales, que en base a puntales y travesaños de lenga dan el soporte al avance del túnel y sus galerías; presentir el camino de las vagonetas cargadas de carbón, deslizándose por los rieles que traspasan la bocamina hasta el shooter, inmediato al embarcadero o suponer la rutina de las cuadrillas de obreros emparejando la carga en las bodegas de los barcos.
La tensión rompe el aislamiento, y de seguro no será fácil cumplir la orden de la primera autoridad regional. Un excepcional currículo respaldaba a Huidobro: ex Comandante en Jefe del Apostadero Naval y uno de los asistentes en la histórica reunión de 1941 que decidió reconstruir Fuerte Bulnes.
Un disparo de Víctor Gude, copropietario y administrador de Mina Elena sobre el güinchero Estanislao Silva desencadenó el conflicto. Las versiones son disímiles: La prensa consigna que el minero instaló sin permiso luz eléctrica en su dormitorio, situación irregular para el administrador. Pero la tirantez explotó más tarde, una discusión en el sector de los carros que salen de la mina los llevó a las manos, finalmente el noruego disparó hiriendo el cuello y el brazo del minero.
Otros testigos aseguran que fue en defensa propia: El tema quedó en la justicia ordinaria. Décadas después, ya de anciano, el chilote Pedro Jesús Ríos rememoraría el evento: “Resulta que pasó el administrador y éste –refiriéndose a Estanislao Silva– fue a correr los carros, cuando le manda el guaracazo en la cabeza con una llave grande y el otro cayó al piso, y bueno… creyó que lo había matado al tiro. El administrador –Víctor Gude– usaba revólver siempre y en el piso que estaba sacó el revólver y le pegó un balazo. La cuestión es que se hizo la huelga defendiendo a este desgraciado que había hecho la grande, porque eso fue. El culpable era Guaripacho, no el administrador que disparó defendiendo su vida. Y se armó, y ahí empezó la huelga…”.
Jesús Ríos tenía apenas 17 años y había llegado de Chiloé, en 1943, como muchos a probar suerte a la Patagonia. Luego de una breve estadía en Punta Arenas, enfiló pasos a Elena. Su relato fue rescatado en la obra Río Verde, su historia y su gente.
Los dirigentes, entre ellos Andrade, oriundo de Lota y Cesáreo Valderrama, presidente del Club Deportivo de Mina Elena, piden que la empresa se comprometa por escrito a no dejar entrar nunca más a las inmediaciones de la mina al descendiente noruego, hijo del recordado Ove C. Gude, ingeniero que descubrió los mantos de carbón en las proximidades de 1918.
La contraparte argumenta que la huelga es ilegal y el Sindicato no debe inmiscuirse en decisiones gerenciales.
A las 18 horas los buenos oficios y la experiencia del inspector del Trabajo, Antonio Varas Olea fracasan. Los bandos no llegan a consenso.
En Punta Arenas siguen atentos las noticias: “La orden será cumplida por el jefe de las fuerzas destacadas en ese lugar, procediendo a embarcar en naves mercantes que se encuentran fondeadas en Isla Riesco, a los que se nieguen a volver a sus labores y conducirlos inmediatamente a este puerto. La excepción son las familias, quienes pueden continuar si lo desean”, publica el diario El Magallanes.
La tensión Jesús Ríos la explica así: “Llegaron varios barcos de la Armada que se pusieron adelante listos para disparar asustando a la gente. Salieron los marinos a tierra y se llevaron al presidente que era parece el chicoco… Andrade, lo agarraron y lo llevaron para adentro. Todos teníamos que abandonar, los solteros, los casados, grandes, chicos, todos estábamos listos para marchar a pie hasta Río Verde”.
En medio del nerviosismo intervienen dirigentes de la Alianza Democrática, conglomerado fundado el año 1942 y sostén del triunfo electoral del Presidente Juan Antonio Ríos Morales. Luego de varias reuniones con el Intendente Arroyo, la colectividad política señala en comunicado público que “la Alianza está dispuesta a apoyar a la autoridad en toda gestión de interés colectivo, pero estima conveniente que los intereses del pueblo y la clase trabajadora, deben ser atendidos en forma preferente y de acuerdo con las normas democráticas que rigen en el país y reafirmadas por S.E. el Presidente de la República”.
Es tan importante el mineral que ahí se extrae que algunos barcos permanecen hasta 15 días atracados al muelle, mientras se realizan las cargas y otros aguardan a la deriva su turno. La demanda obliga a trabajar 24 horas, en turnos repartidos entre 350 mineros disponibles. Sólo en los meses de abril y mayo, antes de la huelga 14.243 toneladas de carbón se han vendido a la República de Argentina y la demanda aumenta, conforme avanza la II Guerra Mundial.
En ese año, crecieron también las manifestaciones antifascistas, con banderas, gritos y sendos discursos, donde los magallánicos alentaban a los aliados, desde el Politeama, teatro ubicado en la calle Copiapó con Valdivia (hoy J. Nogueira con Errázuriz). Y por esos días la prensa local daba importante cobertura al trabajo del padre salesiano Federico Torre, quien afirmaba categórico: “Todos los alacalufes son susceptibles de ser ciudadanos útiles a la patria”, refiriéndose a 136 indígenas que vivían, principal- mente, en el sector de la península Muñoz Gamero.
Mina Elena al igual que todos los yacimientos de la región de Magallanes, está bajo tierra. Pero más de dos mil personas dan vida en la superficie al campamento minero más moderno del sur austral.
El lugar parece otro planeta, un territorio en que el acceso es principalmente una navegación desmembrada por canales y espacios forjados por la fuerza del hielo en millones de años. Los yacimientos de carbón son visibles y se ubican cercanos a la costa.
Una última llamada desde Mina Elena a los dirigentes del Consejo Provincial de la Confederación de Trabajadores de Chile, CTCH, detiene el desalojo. Aún hay esperanzas. El Comandante del Cazatorpedero Almirante Condell mantiene la calma. Tiene experiencia y los mineros también confían en su buen tino.
En marzo del año 1943, Huidobro, fue destinado como buque de estación de Magallanes, donde permanece cumpliendo variadas comisiones.
Más tarde, en el mes de julio del mismo año 1943, le tocaría auxiliar al vapor peruano Rímac, varado en Punta Arenas con ayuda del escampavía Colo Colo. La nave Condell se mantiene en la zona hasta septiembre de 1944, volviendo a Talcahuano al mando del Capitán de Fragata Diego Munita Whittaker.
Empresarios, representantes de los obreros en la CTCH y autoridades comienzan una maratónica jornada de diálogo en Punta Arenas. Ya entrada la tarde, la directiva del Consejo Provincial de la Confederación de Trabajadores sostuvo una última entrevista con el Intendente, solicitándole que aplace la orden de desalojo de los obreros de Mina Elena que se encuentran en huelga y que debía cumplirse a las 16 horas, con el objeto de que una comisión de la central se traslade al lugar de los hechos y gestione directamente la solución del conflicto. La petición de la CTCH fue acogida de inmediato por la primera autoridad impartiendo las instrucciones necesarias para que el desalojo no se realice.
Una vez en Isla Riesco, los representantes de la comisión proveniente de la capital regional permanecieron varias horas reunidos con los dirigentes del Sindicato Profesional de Mineros en Carbón y Anexos de Isla Riesco.
Finalmente la solución llegó el sábado 12 de junio, pasadas las 16 horas. Y el acuerdo aparece publicado en el diario El Magallanes, en una pequeña y simbólica nota de prensa con datos entregados por la administración de la Compañía Carbonífera Elena de Río Verde.
Las partes en conflicto sostienen lo siguiente:
“1.- Que los obreros reanuden el trabajo, hoy sábado a las 13 horas.
2.- Que reanudado el trabajo, la Compañía ordenará al señor Gude que se traslade a ésta para consignar la situación con los miembros del sindicato minero que éste designe y resolver.
3.- La Compañía ha tenido y mantiene el mejor espíritu para solucionar sus dificultades con los obreros en la mayor armonía y siempre que estén en- cuadradas dentro de las formas legales, quedando establecido que la Compañía no tomará represalias por el conflicto suscitado”.
Así termina uno de los episodios más controversiales de la explotación de Elena y ubica a Adolfo Prieto al mando de la administración del poblado. Primero llega él y luego toda su familia. Permanece hasta los últimos días de vida del recinto minero.
Si bien, el poblado no estuvo exento de accidentes. El año 1948 un incendio obligó a inundar la bocatoma con agua de mar. También hubo derrumbes esporádicos. No obstante, la única víctima que registró en sus actividades extractivas de carbón fue Braulio Navarro García, barretero, quien picota en mano daba forma al túnel al interior de la mina. Sus restos descansan en el Cementerio Municipal de Punta Arenas.

Parte del libro La Historia Olvidada, del periodista Cristián Morales Contreras

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Written by: Crónica Austral

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