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La acción y fuerza social de la iglesia metodista

En 1897, el minero del salitre, Tiburcio Rojas Ferrada, con temple de acero, fundó la prédica metodista en la región. Construyó templos y abrazó con acción decidida la palabra de Dios, poniendo énfasis en las necesidades sociales. En 116 años, un total de 29 pastores han continuado con su legado, algunos en silencio, otros en el anonimato, durante la dictadura de Pinochet, época en que asumieron -junto a la Iglesia Católica- un compromiso social sin miedo ante las sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Hoy, la “batalla” es contra la apatía de una sociedad consumista que le perdió el respeto a los valores de Cristo, lucha que se realiza a través del apoyo a los más vulnerables con tres centros de atención. “No podemos llevar el evangelio, desatendiendo las necesidades”, explica Ronny Pulgar, Pastor de la Iglesia Metodista de Chile.

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La ilusión de cientos de trabajadores había sido derrotada por la explotación, las huelgas infructuosas, el cierre de las salitreras, la cesantía, y los rastros de la Guerra del Pacífico que, pese al paso de los años, todavía latía en las endebles fronteras del tiempo y el territorio.  Pero la esperanza estaba intacta y sin pensarlo dos veces, Tiburcio Rojas Ferrada, laico metodista, aceptó la oferta del Gobierno de transporte gratis y entrega de tierras a todos quienes quisieran colonizar Magallanes.

Más de mil colonos zarparon de Iquique, primero; luego, Valparaíso.  Atrás quedaba el abrazante calor de la pampa nortina, las salitreras cerradas, con olor a desierto, huelga y espejismos…

La madrugada del domingo 19 de diciembre de 1897, la nave Angamos fondeaba en el muelle y sus huesos metálicos podían después de 21 días de navegación descansar en el Estrecho de Magallanes.

El imponente buque a carbón, sorprendió a los pocos habitantes del entonces Punta Arenas.  El diario El Magallanes titulaba: “Llegada del Angamos, 1000 huéspedes”.  Todo estaba en pañales y todo estaba por hacerse.  Ubicar a tanta gente no fue tarea fácil para las autoridades, y el clima se presentó con toda su dureza.  Ninguno de los nuevos pioneros conocía ni tenía idea alguna de la región y sus características.

El Diario El Magallanes apuntaba entonces (transcripción textual): “…Algunos  andan  por  ahí  desesperados  por  la  falta  de  trabajo,  pues  muchos  tienen oficios que no existen en Magallanes i carecen de los recursos necesarios para adquirir las herramientas necesarias para establecer un pequeño taller.  En  jeneral,  todos  han  comprendido  enseguida  que  en  Magallanes  no  es  tan  facil ganarse la vida como se les decia en el norte. Algunos, animosos, se conforman esperando pacientemente mejorar su suerte; pero otros muchos, pusilámines, se encuentran abatidos i todo su deseo es regresar al norte.  Anteayer  hemos  visto  en  la  oficina  de  la  Gobernacion,  casi  llorar  a  algunos solicitando pasaje de regreso en el Angamos i creemos que se han vuelto un buen número, particularmente enfermos y ancianos, de los que han venido en cantidad.  Ahí  tienen  nuestros  colegas  del  norte  los  frutos  de  la  propaganda  hecha  para colonizar Magallanes. Nuestro gobierno está haciendo pasear de norte a sur i vice-versa a nuestros paisanos, talvez para que conozcan bien el pais i gocen de los saludables aires del mar.  Hemos sabido que ayer se repartieron 574 raciones, entre los dos locales, lo que significa  como  700  personas,  pues  se  calcula  2  o  3  niños  por  una  racion  i  los  bebes abundan.  Significa también el dato anterior que solo se habrán colocado unas 50 familias i la mayor parte de las plazas de obreros estan ocupadas” (SIC).

La historia la tiene vívida el pastor Ronny Pulgar.  La investigó y la cuenta con detalles, como si hubiera estado ahí. En el segundo piso del templo Metodista, ubicado en José Fagnano 430, un pequeño museo rescata parte de la historia regional, pocas veces narrada.  Fotos viejas, retratos apilados, biblias antiguas, dos pianos de fuelle… Y en el centro de una pared el retrato de Tiburcio Rojas Ferrada: Bigote recio, mirada profunda y una dura convicción de no dar pie atrás, configuran el pintoresco retrato de 1897.

“La llegada a tierras patagónicas, fue una buena oportunidad para sembrar la semilla del  evangelio  en  estas  lejanas  tierras.  Tiburcio  Rojas  se  dedicó  a  tiempo  completo a proclamar  el  mensaje  salvífico  de  Jesucristo.  Las  vivencias  y  experiencias  del  inicio  del metodismo,  no  exenta  de  dificultades  debido  al  crudo  invierno  austral  y  la  oposición  de parte del clero católico, son un fiel testimonio para  experimentar,  atesorar y dar a conocer la vida y obra de Tiburcio Rojas Ferrada, el colportor del confín del mundo”, precisa el Pastor Ronny Pulgar, quien llegó de la zona mapuche hace tres años, con su esposa y dos hijas a Punta Arenas.

Pero al pastor metodista el territorio no le es ajeno. Vivió su infancia y adolescencia en la tierra de las sombras largas.  Y su padre, José Santos Pulgar, también fue pastor en Punta Arenas, durante la dictadura militar, una época difícil, donde muchos religiosos tuvieron que exiliarse, por la defensa que hacían a favor de los torturados y despojados.   “Somos una congregación pequeña que trabaja intensamente, nos caracteriza la acción”, sentencia.

Con 50 años recién cumplidos, Ronny Pulgar, reconoce que no es fácil en estos tiempos “donde gobierna el consumo y la frivolidad”, presentar la palabra del evangelio: “A veces pienso que se ha perdido el respeto a Cristo”, asevera.

No obstante reconoce que el pecado está también en la Iglesia (Católica, Metodista y Evangélica): “Siento mucho dolor, porque hay personas que no deberían estar predicando y aprovechándose de la palabra de Dios…   El pecado también está en la Iglesia y me causa mucho dolor”.

Pronto iniciarán un trabajo en el sector de Archipiélago de Chiloé, enfocado principalmente a prevenir vulneraciones en los derechos de la niñez y adolescencia. También se van a generar espacios de participación ciudadana en niños y jóvenes, como una forma de desarrollar un mayor compromiso en su comunidad.  El Centro de Prevención Comunitaria, ya tiene nombre: Tiburcio Rojas Ferrada.

“Es un homenaje al fundador en Magallanes de la Iglesia Metodista y un ejemplo a seguir. Creemos que el evangelio es transformador del ser humano y lo hacemos desde lo social, atendiendo las necesidades y el evangelio. Ambos van juntos. Si alguien tiene hambre no puedo predicar y desentenderme de esa necesidad”, explica Pulgar.

El nuevo centro es el brazo extendido de Juan Wesley que funciona en la población 18 de Septiembre, por más de dos décadas.  Fue la primera escuela del sector, hoy quieren rescatar la historia.

Además cuentan con el Centro de Diagnóstico Ambulatorio Clyde Tucker, en homenaje a un pastor metodista que ejerció por última vez en la ciudad, en la década del sesenta.  Esta institución inicia su funcionamiento en el año 1996, como Centro de Tránsito y Distribución (CTD), buscando dar respuestas a la necesidad de contar con un centro especializado en el diagnóstico de situaciones de riesgo social. Se contempló en su funcionamiento la capacidad de orientar y derivar hacia y desde los centros de la red SENAME, red Social y tribunales de justicia, optimizando los recursos y resguardando que el ingreso de los beneficiarios a los distintos centros y programas de la red SENAME, fuesen los adecuados.  Antes de la vigencia de la Ley Responsabilidad Penal  Adolescente la institución tenía la labor de realizar las evaluaciones de discernimientos a jóvenes infractores de ley.

“La  firme vocación pastoral del hermano Tiburcio, es claro testimonio de los años compartidos  en  esta  zona  magallánica.  Fueron  seis  años  de  ardua  labor  y  sacrificada vocación,  no  exenta  de  dificultades  propias  de  las  inclemencias  del  clima  y  el  acérrimo ataque  de  aquellos  que  veían  en  el  protestantismo  una  amenaza.  Sin  embargo,  estas experiencias, decía Tiburcio, “no son nada, comparadas con la grandeza de la Gracia de mi Salvador Jesucristo, que ha abierto los caminos y preparado la tierra para la semilla del  Evangelio”.  Sus  constantes  luchas  y  desafíos  fueron  resultados  positivos  en  el crecimiento  de  la  obra.  Se  crearon  capillas,  escuelas  y  se  abrieron  hogares  para  la divulgación de la Palabra del Señor. Fueron años intensos y duros, pero recompensados con  la bendición de Dios por las nuevas almas rescatadas del vicio y del infierno, a través de la obra redentora del Señor”, describe el pastor Ronny Rojas Ferrada.

Entre los años 1897 y 1903, la obra de Tiburcio Rojas contaba con Escuelas Dominicales y  grupos de “clases” en seis barrios diferentes, servicios religiosos  en  la  colonia,  en  la  capilla  inglesa,  en  Tres  Brazos,  Tres  Puentes  y    Barranco Amarillo.  Todos  estos  servicios  eran  atendidos  por  el mismo pastor que llegó de Iquique,  sus  hijos  y  hermanos laicos,  denominados  “guías  de  clases”.   Su legado hoy rescatado por la Iglesia Metodista de la región.

 

(Nota publicada por el periodista Cristián Morales C. en la ciudad de Punta Arenas)

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Written by: Crónica Austral

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